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lunes, 1 de febrero de 2010

MI PLANETA Y LA CULTURA DEL ESFUERZO


Después de concluir en la universidad un curso y por aquellas situaciones que nos tocó vivir, es que me veo en la obligación de escribir esta nota sobre el esfuerzo.

Una alumna, escribía que era muy injusto que se le suspendiera. Afirmaba que no había asistido (por el tipo de aprendizaje es obligatoria la asistencia), que no había presentado los trabajos de análisis conceptual que debía hacer, señalaba que no había tenido tiempo para hacerlos, pero eso sí, el tema del curso le interesaba mucho. Insistía que era injusto, y que deberíamos revisar su calificación.

Simplemente quería “aprobar”, no estaba dispuesta a trabajar por ello, lo pedía, mas bien lo exigía. Establecía una nula relación entre resultados y esfuerzo.

Ese hecho me obligó a pensar sobre el tema del esfuerzo, en relación a lo que sucede en Mi Planeta. Me ha parecido que es obligatorio decir algo. Ahora y en el momento que estamos viviendo este tema nunca me ha parecido tan importante.

En mi plantea, durante el largo camino hacia el desarrollo, los primitivos habitantes tuvieron, imagino que como mucha otra gente, que trabajar mucho, dedicarle muchas horas a la tierra o a lo que sea, para poder obtener algún resultado. Muchas horas de espaldas dobladas, para conseguir algo de comida, muchos esfuerzos y privaciones para conseguir algunos resultados, como ropa, agua y cosas básicas.

Lo esencial es que los hombres y las mujeres, sabían que tenían que esforzarse, para conseguir algo de lo que necesitaban. Y esa idea fue asumida como buena, incorporaron el esfuerzo como mecanismo importante de crecimiento y supervivencia. Y así entre resultados positivos conseguidos con esfuerzo, entre fracasos no deseados, pero igualmente asociados al esfuerzo, se fue creando una especie de “cultura” del esfuerzo. Al final todo el mundo tiene claro que puedes crecer, e ir donde quieras, conseguir lo que deseas, etc., pero te lo debes ganar. Tendrás, en el mejor sentido de la palabra, que trabajar por ello.

Esta “cultura” del esfuerzo, enraizó de manera firme en todos los aspectos de la vida de la gente de mi planeta. Y tanto en lo personal, como en cualquier tipo de organización, social, familiar, educativa, laboral o simplemente lúdica, se construía en base al esfuerzo.

Esa cultura del esfuerzo, fue aportando más cosas y al final funcionó. Nos fuimos haciendo ricos, en cosas y sentimientos y nos fuimos desarrollando. Mediante la cultura del esfuerzo se desarrollaron otras áreas del saber humano. Y aprendimos, con el tiempo y en base a la experiencia, que no solo era necesario esforzarse, sino también en hacerlo bien. Al final comprendimos que el éxito, la excelencia, se encuentra en la práctica permanente y la práctica correcta.

Estos dos aspectos son la clave del éxito, trabajar mucho y hacerlo bien. Si quieres aprender algo, debes esforzarte, dedicarle mucho tiempo, con interés, y sobre todo hacerlo cada vez mejor hasta alcanzar la perfección, si es posible.

Y como resultado crecimos más, podíamos “soñar” en alcanzarlo todo, y teníamos una sociedad basada en el esfuerzo, donde el trabajo, la dedicación y el compromiso eran aspectos valorados, respetados y se admiraba a quién los poseyera.

Pero hubo un momento que los políticos empezaron a hablar del “estado del bienestar”, y empezaron a proponer que no era necesario tanto esfuerzo, y alguna razón tenían. Pero siguieron insistiendo y empezaron a legislar para evitar el esfuerzo como condición de éxito. Empezaron a “vender” la idea de los derechos, como contraposición a la de obligaciones, y el equilibrio justo que antes se tenía, entre derechos y obligaciones se rompió.

La generaciones siguientes vivieron el desequilibrio e hicieron de él una forma de vivir y se hicieron fuertes con el tengo derecho a…. como demanda básica y se fueron olvidando del debo dar o hacer… para conseguirlo.

Y así entre otras, La Ola (die welle) de muchas exigencias y pocos compromisos.

Esa Ola de muchos derechos y pocas obligaciones, llegó a todo, y se acomodó espectacularmente bien en el sistema educativo. La Ola señaló que ya no era necesario estudiar o trabajar para aprender. Lo importante es obtener los resultados, tengo derecho a aprobar, el aprendizaje se lo da por obvio. Lo esencial dentro de la Ola de derechos, es no frustrarse, había que evitar el fracaso y evidentemente no hay nada mejor para evitar el fracaso, que no exista ninguna posibilidad de fracasar. O trabajando mucho y bien o concediendo automáticamente el éxito, sin ninguna exigencia. Y así lo del esfuerzo asociado al conocimiento, quedó totalmente superado.

Conseguimos que nuestra valiosa cultura del esfuerzo, que nos había permitido llegar hasta donde estábamos, se cambiará por la cultura del yo quiero, del debo tener y me lo merezco, tan solo por haberlo pedido.

Tuvimos, como consecuencia de esa Ola de muchos derechos y pocas obligaciones, una negra y triste época de decadencia. Fue muy duro y doloroso poder revertir ese proceso que nos hubiera llevado inevitablemente a la más absoluta decadencia moral y ética, como la que estamos viviendo aquí y ahora.

miércoles, 27 de enero de 2010


QUERIDA ASERTIVIDAD

¡¡¡ OH Asertividad!!! Que tan necesaria eres, tan necesaria, que algunas personas la deberían incluir en sus propósitos para el nuevo año. Y como muchos otros propósitos que solemos tener, si no has estado nunca con nosotros, para conseguirte es necesario dedicación, esfuerzo y aprendizaje.
Eres necesaria en todos los aspectos de nuestra vida: en el trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos, con desconocidos… etc. En algunas personas tú estás presente con la familia, en otras personas solo con los amigos, y en otras ni siquiera apareces, te escondes tras una puerta o te encuentras a tres manzanas.
Pero... ¿Qué eres Asertividad?
Eres una conducta muy hábil que nos permite relacionarnos correctamente en sociedad. Nos permite sentirnos seguros de nosotros mismos y sentirnos seguros en nuestra relación con los demás.
Y gracias a ti:
· Podemos expresar nuestros sentimientos, nuestras ideas, opiniones y derechos respetando el derecho de los otros, sin ofender a los demás.
El otro día en la cola del cine, justo cuando ya me tocaba, alguien se puso delante de mí e intentó colarse, yo tenía tres opciones:
- ¡Pero que se ha creído usted! ¿ Acaso se cree que yo soy tonta!
- Me puedo quedar callada, y aunque me moleste mucho y tenga prisa, elijo renunciar a lo que siento y no actuar.
- Pero apareciste tú ¡¡ Asertividad!! Y me animaste a decir: Disculpe señorita, ahora es mi turno para pedir las entradas, la cola está al final del pasillo, tengo bastante prisa, si me permite…

· Gracias a ti, respondemos adecuadamente ante una situación o comentario inaceptable que nos puede hacer nuestro jefe, nuestro amigo que se ha levantado de mal humor o el encargado de una tienda que nos atiende mal en un agobiante día de compras.
Hace unos días llegué tarde a una cita que tenía con unos amigos, fue imposible llegar a tiempo, ya que tenía muchas cosas que hacer y además el atasco en hora punta en la ciudad dificultó aun más el que yo llegara a tiempo. Cuando llegué a la cafetería en la que habíamos quedado, uno de mis amigos, de muy malas maneras me regañó y me juzgó por haber llegado tarde. La verdad es que con el estrés que tenía yo ese día podía haber actuado de varias maneras:
- Podría actuar de la misma manera que él, haciéndole sentir mal y entrar en una discusión que no va a ningún lado, ya que mi objetivo en ese momento no es precisamente discutir.
- Podría haber optado por callarme o decirle simplemente que lo sentía, guardándome para mi el malestar que me había provocado su reacción. Esto haría que mi malestar se incrementara a lo largo de la tarde.
- Podría hacerle ver tranquilamente que su manera de decírmelo no es la correcta y después darle las explicaciones pertinentes si así lo quisiera:
Juan, entiendo que te moleste el que haya llegado tarde, pero tu actuación está haciendo sentirme mal a mí, y al resto de la mesa, podrías mejor preguntarme por qué he llegado tarde.

· Gracias a ti puedo cambiar de opinión, al igual que entiendo que los demás también lo pueden hacer, sin la necesidad de hacerles sentirse mal porque se hayan equivocado.
· Gracias a ti, tengo el derecho a no dar razones o excusas para justificar lo que hago y porqué lo hago.
· Gracias a ti, puedo pedir ayuda cuando la necesito, sin tener pudor ni vergüenza.
· Gracias a ti, puedo equivocarme sin sentirme mal.
· Gracias a ti puedo decir “No lo sé”, “No lo entiendo” ¿Por favor me lo puedes explicar?
· Gracias a ti puedo afrontar las críticas de los demás.
· Gracias a ti, puedo negarme a prestar ayuda a los demás. Por ti, puedo ser capaz de decir que no ante peticiones que no quiero o no puedo hacer.

Un día en el que muy contenta me dispongo a recoger mis cosas para salir del trabajo, justo después me iba a ir al teatro, ya tenía compradas las entradas y esperaba ansiosa ese día, pero de repente oigo la voz del jefe que me dice: ¡¡¡ hoy debes hacer una hora extra!!! ¡¡ Ni se te ocurra irte!!
Tenía tres opciones:
- Renunciar al teatro, el cual ya había pagado y al que tenía muchas ganas de ir, me puedo quedar callada y volver a mi puesto de trabajo. O puedo decirle al jefe, tenía cosas que hacer, pero no son importantes, me puedo quedar.
- Puedo cabrearme bastante y decir: ¡¡¡ No me da la gana, tengo cosas mejores que hacer, usted se cree que no tengo otra cosa mejor que hacer!!
- Pero te escojo a ti Asertividad: lo que le dije a mi jefe fue lo siguiente:
Hoy resulta imposible quedarme porque tengo algo importante que hacer. Aunque no me gusta mucho la idea de hacer horas extraordinarias, mañana me quedaré para adelantar el trabajo.
Hay momentos, en los que tal vez, no consiga mi objetivo, querida Asertividad, tampoco eres un milagro, pero por tenerte a ti, lo he intentado de la mejor manera, sin renunciar a lo que quiero, a lo que pienso y sin renunciar a mis derechos.
En definitiva por ti Asertividad: tengo seguridad y decisión, estoy satisfecha conmigo misma y con los demás, no tengo ansiedad ante determinadas relaciones y me respeto a mí misma.

Gracias por todo.
Un saludo.

Anuska Linares

miércoles, 23 de diciembre de 2009

APRENDER EN IGUALDAD


Mucho se ha hablado y sobretodo durante la última década, de la violencia de género, se ha puesto hincapié en la prevención y en la concienciación del problema, que ya es un paso muy grande. Se han creado leyes y se han puesto en marcha medidas de actuación que han sido informadas a la población. El pasado mes de noviembre se celebró el día mundial contra la violencia de género, y durante estos días se vieron intensificadas estas actuaciones por medio de actos, congresos, películas temáticas y anuncios de televisión. Pero no basta sólo con eso, es necesario ir más allá y encargarnos de una serie de factores que están presentes antes de que se ocasione el problema.
Un aspecto importante es la coeducación, ¿qué significa coeducación? ¿que niños y niñas se eduquen juntos? no, es educar en igualdad, la violencia de género no sólo es un acto que tiene una serie de consecuencias, sino que a su vez este problema es resultado de una determinada educación, de una cultura y los paradigmas que conlleva, entre otros.
Debemos educar en igualdad de derechos y oportunidades (y obligaciones) a niños y niñas sin que la diferencia de género suponga una exclusión, debemos considerar que los valores y actitudes típicas, masculinas o femeninas puedan ser aceptados y asumidos por personas de cualquier sexo.
Los medios de comunicación, la familia y la escuela son uno de los principales medios de socialización de niños y niñas. Por eso es muy importante coeducar en estos ámbitos para prevenir conductas sexistas.

El aprendizaje a través de la imitación e identificación de modelos es uno de los más influyentes en el desarrollo de los niños. Por eso es necesario reflexionar sobre los modelos de comportamiento y actitudes que estamos trasmitiendo. Es necesario que eduquemos en igualdad.
Una estrategia esencial empezaría por eliminar aquellos estereotipos o acciones que incitan a una desigualdad entre hombres y mujeres, y actúan como modelo para los hijos haciendo que se repitan estos patrones en la edad adulta.
También es importante destacar que las expectativas formativas y profesionales que los padres tienen sobre los hijos son diferentes según sea niño o niña, todavía resulta raro en muchas familias que una hija sea militar o que quiera ser conductora de autobuses.
En casa también se espera que los niños tengan más fuerza y sean más agresivos o tengan más facilidades para ensuciarse sin ser castigados.
Otro aspecto a destacar es la publicidad, aunque actualmente las distinciones entre hombres y mujeres son menores, éstas se pueden ver fácilmente en los anuncios de televisión y mucho más ahora con la llegada de la Navidad.
Ahora podemos ver anuncios de juguetes en los que aparece un niño, cuando el juguete se trata de un coche o algún guerrero de alguna película de actualidad y una niña cuando el juguete se trata de las típicas cocinitas, o los bebés llorones. No obstante esto está cambiando, y ahora es fácil ver anuncios en los que cocinan el hombre y la mujer pero el trato es igualmente diferenciado, ¿por qué el hombre suele salir con un gorro de chef como un profesional y la mujer no?
¿Porqué sale el hombre siempre anunciando productos de comida que se cocinan fácilmente: ¡cinco minutos en el microondas y listo!!
Estos anuncios intentan trasmitir que los hombres se han adentrado y participan en las tareas domésticas pero no deja de ser otra forma de discriminación, más arropada y menos agresiva.
Un último punto no menos importante es la coeducación en la escuela. Es importante promover un lenguaje no sexista por parte de los profesores e igualmente es importante elegir qué publicaciones y libros contribuyen o no a la igualdad. Hay infinidad de cuentos en los que se reflejan estereotipos sexistas, y son leídos por los niños más pequeños en la escuela, como por ejemplo Blancanieves y los Siete Enanitos. ¿Por qué Blancanieves se encarga de hacer todas las tareas de la casa mientras los enanitos están trabajando? ¿Porqué en infinidad de cuentos el personaje malo es una bruja? ¿Por qué el héroe fuerte e inteligente es un hombre?
La escuela debe programar actividades que faciliten el aprendizaje de habilidades sociales por parte de los alumnos, para que aprendan a ayudar, a cooperar, a saber cuáles son los valores de respeto hacia el otro, a tener tolerancia a las desigualdades, a favorecer el trabajo en equipo y el reparto de tareas entre otros.

Anuska Linares

miércoles, 7 de octubre de 2009

EDUCACIÓN EN INTELIGENCIA EMOCIONAL: UNA GARANTÍA PARA LOGRAR "LA FELICIDAD" DE NUESTROS HIJOS III



"Hay que optar por el mejor camino,
no por el más fácil".

Karen Miles


LAS SOLUCIONES


De pronto, seis de las niñas más populares de la escuela se sentaron frente a ella en el comedor. algo muy extraño, ya que nunca antes le habían dirigido la palabra. Conversaron de todo lo que suelen hablar las chicas de 11 años, mientras Jessica sólo se limitaba a escuchar. De repente, una de las niñas se volvió hacia ella y le dijo: "ayer estábamos tratando de decidir cuál de todas las niñas del curso es la más fea. ¿Quién crees que puede ser?". Jessica recorrió la sala lentamente, pensando que su respuesta debería ser muy buena. Sus ojos se fijaron en Rosa, de nariz larga y puntiaguda, rostro delgado y dentadura sobresaliente. - "Creo que es Rosa", respondió con vehemencia. - "No, no es lo que decidimos. Decidimos que eres tú la más fea", contestó la niña como si estuviera haciendo un comentario sobre el clima. Jessica sintió un nudo en el estómago, palideció, y se dio cuenta que la ira había reemplazado su sensación de náuseas. Pero se sobrepuso, levantó la vista de su bandeja de almuerzo y mirando directamente a las niñas, dijo: "Supongo que todo el mundo comete errores". Después tomó su bandeja y se alejó. ~
Inteligencia emocional en los niños. Una guía para padres y maestros. Lawrence Shapiro


Es necesaria una labor de prevención e intervención para evitar y minimizar las consecuencias descritas, a través de los procesos educativos. Estas actuaciones se relacionan directamente con lo que se denomina “Inteligencia Emocional”.


En los últimos años se está considerando 'este tipo de inteligencia' como más importante que la intelectual para que una persona logre la felicidad y el éxito en la vida. Desde que Daniel Goleman lanzó su best-seller en 1995, el término está siendo desarrollado y aplicado en múltiples facetas de la vida, y la educación es uno de ellos. Jessica (la niña del ejemplo) nos demuestra que posee un buen nivel de destrezas de inteligencia emocional, de lo contrario, el episodio, lejos de haber sido una anécdota, hubiera causado a la niña un alto coste emocional.


¿Qué es la inteligencia emocional? En el año 1990, los psicólogos estadounidenses Peter Salovey (Harvard) y John Mayer (New Hampshire), definieron por primera vez las capacidades emocionales más importantes: comprensión y expresión de los sentimientos, empatía, sinceridad, capacidad de adaptación, resolución de los problemas de forma eficaz, persistencia, amabilidad, respeto y sentido del humor.


Para que se de esta serie de habilidades es necesario desarrollarlas y educarlas. Y la tendencia actual es que estas destrezas son mucho más importantes que poseer una alta capacidad intelectual. Un entrenamiento en las habilidades de inteligencia emocional desde los primeros años de la vida, garantiza una especie de vacuna que protegerá a los niños de cualquier virus emocional con que se encuentren en la vida.


En las últimas décadas el avance en las sociedades occidentales de los sistemas sociales, de salud y escolares ha producido un incremento en las capacidades intelectuales, sin embargo a la vez se ha reducido la competencia emocional de esos mismos sujetos, utilizando como indicadores el aumento de la depresión y los suicidios, el consumo de drogas, la comisión de delitos, el abandono de la escuela, etc.


¿Cómo podemos estimular el desarrollo de la inteligencia emocional en los niños? Veamos algunas ideas que nos pueden ayudar a cumplir esta tarea.



  • Es necesario enseñar disciplina. Es No es preciso ser rígidos, ni autoritarios, sino firmes. Deben existir reglas y límites claros, que tienen que ser respetados. Es conveniente que los niños se involucren a la hora de establecer estas reglas, ya que así estarán más dispuestos e implicados a cumplirlas.


  • Dé instrucciones claras y sencillas con voz amable y firme. Esto facilitará que los niños sepan con exactitud lo que tienen que hacer y aumentará la probabilidad de que realicen el comportamiento que esperamos.


  • Crear un ambiente positivo: esto incluye lograr una participación activa en la vida emocional de los menores, lo que refuerza la confianza entre padres e hijos. Para ello, se debe dedicar un tiempo especial con ellos, escucharles, felicitar sus esfuerzos y compartir alguna actividad gratificante. En este sentido, hay que señalar que las actividades pasivas, como ver la televisión, ayudan muy poco al desarrollo de capacidades emocionales.


  • A la hora de seleccionar las actividades extraescolares, deberemos optar por las que ayuden a desarrollar capacidades y habilidades personales como el trabajo en equipo, resolución de problemas, creatividad, esfuerzo, confianza en sí mismo, entre otras.


  • Es importante reunirse con el maestro del niño y formar un equipo coordinado con él. Si el niño observa que prestamos atención a 'lo escolar', él también se interesará por ello. Es necesario acordar pautas comunes para que el niño sepa a qué atenerse.


  • Enseñe lo que debe hacerse, no lo que no debe hacerse (por ejemplo: "coloca el abrigo en la percha", en vez de "no dejes el abrigo tirado en el suelo"). Además, puede demostrarle cómo se realiza ese comportamiento paso a paso, dividiéndolo en otros más fáciles de realizar. El entrenamiento a través de modelos adecuados (predicar con el ejemplo) es uno de los más efectivos.


  • El niño debe aprender que su comportamiento conlleva unas consecuencias (ya sean positivas o negativas) y debe ir modificando aquel a través de éstas. Éstas consecuencias deben tener relación con el comportamiento y ser proporcionadas. Es poco eficaz intentar modificar conductas no adecuadas únicamente a través de reprimendas o sermones; incluso esto puede aumentar la probabilidad de su aparición, ya que la atención que se presta de esta manera es un poderoso reforzador.


  • Con cada "no", ofrezca varias alternativas. Esto tiene un doble objetivo: poner límites, al mismo tiempo que le ayuda a desarrollar su habilidad para tomar decisiones.


  • Una habilidad emocional imprescindible es la de reconocer e identificar las propias emociones, al igual que expresarlas, para después aprender a manejarlas. Puede ayudar al niño a verbalizar cómo se siente cuando está enfadado, triste, alegre... Y sobre todo, hacerlo Ud. En la medida en que los chicos ven que sus padres o educadores son capaces de expresar cómo se sienten, ellos también podrán hacerlo.


  • El siguiente paso es manejar de forma adecuada las emociones y actuar y responder de manera proporcionada a las circunstancias. Ésta es la clave para el autocontrol emocional, para que los niños no estén a merced de ellas y se dejen llevar por su impulsividad. Además, esta destreza facilita la automotivación y el autorrefuerzo, tan necesarios para conseguir los propios objetivos.


  • También es esencial facilitarles el enfrentamiento a los problemas y su resolución eficaz, lo que reforzará la seguridad y confianza en sí mismos. También se aprende a través de la experiencia, por lo que nuestra tarea es guiar al niño para que encuentre soluciones y no intervenir directamente para resolverlo. En relación a esto hay que insistir en la importancia de la persistencia y el esfuerzo frente a las dificultades.


Los expertos en psicología infantil han observado grandes ventajas cuando los niños son educados en 'valores y emociones': en el plano fisiológico, los pequeños poseen niveles bajos de estrés y se muestran más relajados; socialmente, son niños más adaptados y aceptados en el colegio y tienen pocos problemas de conducta; en el aspecto cognitivo, son capaces de prestar más atención, y por lo tanto son alumnos con éxito en las tareas escolares. Todos éstos parecen poderosos argumentos para enseñar y entrenar a los niños en habilidades emocionales y sociales, que ayuden a prepararles tanto para el aprendizaje como para la vida.

"El mundo que dejemos a nuestros hijos
dependerá de los hijos que
dejemos a nuestro mundo".

Federico Mayor Zaragoza

EDUCACIÓN EN INTELIGENCIA EMOCIONAL: UNA GARANTÍA PARA LOGRAR "LA FELICIDAD" DE NUESTROS HIJOS II




"Hay que optar por el mejor camino,
no por el más fácil".

Karen Miles

LAS CONSECUENCIAS


El hecho de que lo consigan todo de forma fácil y rápida, no permite el desarrollo de recursos para resolver y afrontar de forma eficaz los conflictos con los demás, pasando de un estilo de comportamiento inhibido (no siendo capaz de comunicarse de forma adecuada) a un estilo más agresivo (imponiendo su voluntad, sin saber respetar los derechos del otro).


Otro aspecto es la poca demora del refuerzo y baja tolerancia a la frustración que los niños pueden poseer, esto es, no aprenden a esperar lo que quieren y se sienten fácilmente frustrados por ello. En muchas ocasiones, esto puede generar situaciones de descontrol emocional y depresión.


Así, y con mayor frecuencia, vemos a adolescentes y jóvenes que han impuesto sus reglas en la familia, o mejor dicho, se les ha permitido imponer su "tiranía", y los padres y educadores se ven impotentes para manejar la situación, porque se les ha ido de las manos el control sobre el comportamiento de su hijo o hija.


Unido a todo lo anterior algunos especialistas señalan la proliferación de trastornos depresivos, problemas escolares y consumo de drogas entre la población infantil y adolescente con un inicio cada vez más temprano.

lunes, 5 de octubre de 2009

EDUCACIÓN EN INTELIGENCIA EMOCIONAL: UNA GARANTÍA PARA LOGRAR "LA FELICIDAD" DE NUESTROS HIJOS I




Hay que optar por el mejor camino,
no por el más fácil".

Karen Miles

CRECER ENTRE ALGODONES: ¿EDUCACIÓN DE CALIDAD?

La educación que están recibiendo los niños en la actualidad está siendo puesta en tela de juicio por muchos agentes educativos, que exigen el establecimiento de más normas y educación en valores, sobre todo por parte de las familias.


Y es que la familia ha vivido y está viviendo una transformación importante en nuestra sociedad que afecta de forma directa a la forma de educar a los hijos. Ya no es sólo la institución tradicional de madre, padre e hijos; la proporción de familias monoparentales (en la que sólo existe la figura materna o la paterna) se ha incrementado, al igual que la educación de los abuelos hacia sus nietos, en detrimento de la de los padres, y además añadiría las ‘nuevas familias’ de parejas homosexuales. Las parejas tienen menos hijos y menos tiempo para ellos, probablemente una de las causas con más peso haya sido la incorporación al trabajo de la mujer y la presión laboral y estrés de los padres.






En general, los niños de esta generación se encuentran inmersos en una "burbuja" muy acogedora y cómoda. Reciben todo lo que quieren, aún sin pedirlo, y están sobreprotegidos con el fin de evitarles cualquier contratiempo, por mínimo que sea. Los jóvenes carecen de hábitos de comportamiento y están acostumbrados a conseguirlo todo de una forma muy fácil y sin que sea contingente a su esfuerzo. La mayoría de ellos poseen ordenador, televisión en su habitación, videoconsola, conexión a internet, teléfono móvil y dinero suficiente para salir los fines de semana. Todo ello sin haber movido un dedo, con un mínimo nivel de exigencia.





Además, los niños no internalizan unas normas y valores que les dicten hasta dónde pueden o no pueden llegar con sus comportamientos y las consecuencias que traen consigo éstos. No tienen oportunidad para educar su control emocional. Quizás éstas sean algunas de las razones del incremento en la violencia infantil y juvenil.

lunes, 21 de septiembre de 2009

HEMOS CONSEGUIDO QUE NUESTRO NIÑO ESTÉ BIEN ALIMENTADO (como él quiere, claro)


Para mi hijo quiero lo mejor independientemente del esfuerzo que eso suponga.
¿Qué un día se niega a comer después de haber estado toda la mañana metida en la cocina? No me voy a empeñar en que haga cosas que no son de su agrado poniendo en juego su cariño y felicidad ¡faltaría más!

Con lo fácil que es retirar el plato y preparar en un segundo cualquier tontería de esas que tanto le gustan antes de que empiece a sollozar y patalear en la mesa.
Además ¿por qué no acostumbrarnos a preguntarle con antelación qué menú le apetece para ese día?.

De esta manera tan sencilla he conseguido saber perfectamente qué comidas son sus favoritas. Es más, gracias a este conocimiento mi hijo sólo come aquello que le gusta.
Por fin tengo un hijo que sabe lo que quiere y que rechaza el resto con determinación; que valora mis comidas hasta el punto de repudiar el menú escolar o cualquier otro plato que no haya pasado por mis manos. Un hijo, en fin, para toda la vida…¡ y tan agradecido!, porque hay que ver con qué carita me mira mientras da buena cuenta a la fuente de patatas o a las hamburguesas ( llena de churretones, sí, pero verdaderamente angelical).
Es una pena que en el colegio insistan en echar por tierra esta dura labor.

Tenía que poner remedio a esta situación que empezaba a producir efectos devastadores en mi pequeño, ¡un poco más y termina comiendo cualquier cosa la criatura!. Así que ni corta ni perezosa decidí enviar una nota al director del centro en la que aparecían convenientemente señaladas aquellas comidas que mi hijo rechaza, pidiéndole amablemente que no insistieran, bajo mi responsabilidad, en hacérselas comer, puesto que este hecho producía efectos indeseables en él.

Así de fácil ha sido superar el trauma que el pobre tenía con el comedor escolar, y al mismo tiempo he logrado que coma sólo lo que quiera, como quiera y donde quiera, porque para eso tiene su propia personalidad y tiene que aprender a desarrollarla.
Se acabó el estilo de educación impersonal y generalizado del colegio. Mi hijo, cada día, tiene más carácter y es capaz de tomar sus propias decisiones sin importarle lo que digan los profesores y cuidadores del comedor, ¡qué sabrán ellos de sus gustos!.
Ojalá comprendiéramos de una vez por todas que los niños son como los clientes: siempre tienen razón y es importante tenerles satisfechos.

¿Cómo vamos a imponerles, tal como desean muchos padres, que coman verdura y pescado (si es posible sin protestar, por supuesto), si a lo mejor lo que de verdad les apetece son macarrones y salchichas?. Y ya puestos a pedir, ¿qué tal si les imponemos también un horario?. Algo así como programarles para que coman siempre a la misma hora. ¡Qué barbaridad!, en vez de hijos parece que tenemos soldaditos en casa.
Mira que nos empeñamos en machacarles la personalidad por culpa de algún complejo raro que tuvimos en la infancia y, claro, luego vienen los disgustos y lamentaciones: “que si es un desagradecido y no se da cuenta que todo lo hago por su bien”,”que si no come nada sólo por llevarme la contraria y fastidiar”, etc. etc.

Cómo hemos olvidado que a estas edades es fundamental colmarles de atenciones y caprichos y someternos sin miedo a su voluntad con el fin de que crezcan sin traumas, sintiéndose queridos y con la absoluta convicción de que en casa o en cualquier otro sitio, ellos son lo primero y sus órdenes son deseos para nosotros.
La única manera de conseguir esto es poniéndonos a su servicio, que para eso los hemos tenido ¿o no?.

Sólo así haremos posible que, por ejemplo, cuando vaya a comer a casa de algún familiar o amigo tenga la seguridad suficiente, primero, para decir sin ruborizarse que esa comida es una porquería que no piensa comer de ninguna forma y, segundo, de actuar coherentemente; es decir, de no probar ni un bocado se pongan como se pongan los demás. ¿No es maravilloso tener un hijo con las ideas tan claras y con tanto derroche de personalidad con tan sólo siete años?.

Estoy segura de que este chico llegará muy lejos, y no lo digo por presumir, pero no me extraña porque para eso lo hemos educado a conciencia. Es sencillo, el truco está en tener un poco de vista para saber aprovechar las ocasiones. Sin ir más lejos, el otro día deduje que le encantaban las croquetas cuando le vi devorarlas con los carrillos completamente hinchados, las manos pringosillas y una cara de satisfacción que…¡vamos! daba gusto verle comer así.
Entonces se me ocurrió una estrategia genial que consistía básicamente en alimentarle a base de croquetas, ¿por qué no?. Es la solución perfecta porque de este modo come disfrutando, rápido, bien y sin necesidad de estar encima suyo constantemente. Bueno, hay que vigilarle un poco para que nos deje alguna a los demás, pero por lo demás sigue siendo genial.

Lo de menos es que ahora no pueda ver croquetas ni en pintura, porque siempre surge algo nuevo de lo que se encapricha y entonces basta con volver a repetir todo el proceso desde el principio y ya está, todos tan contentos.
Si es que me encanta verle feliz, tal vez por eso soy incapaz de negarle algún que otro bollo o chuchería que se le antoja, ¡disfruta tanto con este tipo de cosas que además sirven para quitarle el hambre!. Hombre, luego le perdono la mitad de la comida no vaya a ser que se empache mi chiquitín.

Pero sin lugar a dudas, lo mejor de todo es que le hemos enseñado a jugar mientras come, ¡es divertidísimo!. Le perseguimos corriendo por toda la casa, cuchara en mano, como si fuéramos policías y ladrones y cuando por fin le alcanzamos, ¡zas! se lo tiene que tragar. Y así una y otra vez hasta que termina con todo ¡le da una pena!.
Otras veces, especialmente si estamos en baja forma, nos limitamos a decirle alguna tontería o a hacer muecas raras para que se distraiga. Ponerle su programa de televisión favorito también suele funcionar.

Normalmente está tan entretenido que yo creo que ni siquiera es consciente de lo que hace, así que tenemos que llevarle nosotros la comida a la boca, ya tendrá tiempo para aprender a usar los cubiertos cuando sea más grande.
De momento creo que podemos sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado con nuestro hijo hasta ahora…¡y ha sido sencillísimo!. Me pregunto qué problemas tendrán los demás para enseñarles a comer.