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lunes, 17 de enero de 2011

VAMOS A LLEVARNOS BIEN


En la actualidad sabemos que casi el 50% de las parejas que se forman se acaban deshaciendo. Muchas intentan evitarlo consultando los servicios de un psicólogo especializado para así aprender cómo encauzar la situación. Aunque es verdad que algunas piden ayuda profesional cuando ya es demasiado tarde, siempre se puede aprender cómo mejorar este tipo de situaciones.

John M. Gottman, profesor de Psicología en la Universidad de Washington ha investigado en profundidad y con rigor científico las relaciones de pareja durante más de 25 años. El psicólogo asegura que existen señales muy claras que permiten predecir la separación de una pareja.

En su love lab (laboratorio del amor) pide a las parejas que estudia que busquen un tema de discusión habitual y se dedica a observarlas. El objetivo es identificar conductas específicas que puedan llevar a la ruptura. En el laboratorio se observan las interacciones en la pareja por vídeo y mediante monitores cardiacos y otros aparatos que miden el estrés durante la conversación.

Con el estudio, análisis y seguimiento de estos datos sobre cientos de parejas, el equipo llegó a identificar lo que consideran que son seis señales de peligro para la pareja:

1. Un arranque duro. El problema no es discutir. Lo que indica futuras complicaciones en la pareja es la manera como discute. La utilización del sarcasmo, la crítica y la acusación significa que los dos integrantes no se centran en negociar, sino que se están acusando mutuamente. Con eso, uno da por sentado que el otro es el problema. La negatividad se nota en el tono de menosprecio, aunque las palabras sean dichas en tono suave.

La investigación demostró que si la discusión empieza con un arranque duro, el final es previsiblemente negativo, aunque se intente suavizar el tono durante la discusión.

Se puede predecir el resultado de una conversación de un cuarto de hora basándose en los primeros tres minutos, según el trabajo de Gottman. Si se inicia una discusión así, es incluso mejor dejarla y hablar en otro momento.

2. Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Tras el arranque duro, pueden ir apareciendo otras actitudes negativas que el psicólogo denomina “los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Suelen aparecen en este orden: crítica, menosprecio, actitud defensiva y desdén.

• Crítica. Toda persona tiene algo que decir a su pareja que le disgusta, pero es bueno distinguir la queja de la crítica. Una queja se refiere a una conducta (o ausencia de conducta), y una crítica se refiere a la totalidad: una cosa es decir “no limpias el lavabo” y otra “eres un dejado”. Las críticas suelen empezar con “tú siempre…” o “tú nunca…”.

• Menosprecio. El menosprecio es la crítica con hostilidad añadida; se manifiesta mediante el sarcasmo. Las expresiones habituales son insultos, mirada de aburrimiento, burla y hostilidad. El menosprecio es la más venenosa de las actitudes porque nunca conduce a la resolución del conflicto. Se va gestando a partir de conflictos sin resolver que quedan en la memoria.

• Actitud defensiva. Al sentirse atacado, el otro se rebota diciendo que la culpa no es suya. Contraataca para defender su inocencia o evitar responsabilizarse del problema. Sólo sirve para seguir escalando en la disputa.

• Desdén. Durante la discusión, uno de los dos no da muestras de estar oyendo, no hace caso, no mira… Suele ocurrir ya al final de las relaciones después de mucho contacto destructivo.

3. Desbordamiento. Aunque parezca que el que no reacciona está impasible, la verdad es que se contiene para no explotar. Por eso se refugia en la protección del desdén e intenta ignorar a la pareja. Se esfuerza por desvincularse emocionalmente. El encierro en sí mismo es su única manera de afrontar la hostilidad.

4. La expresión corporal. Los psicólogos no tienen necesidad de oír el diálogo de las parejas ya que sólo con ver en los monitores la reacción corporal es suficiente para ver si pelean.

Los latidos del corazón suben a más de 100 por minuto, ocurren cambios hormonales como secreción de adrenalina y la reacción general del cuerpo es la misma que cuando se prepara para la lucha o la huida: sudoración, respiración agitada y corta y demás signos de ansiedad. En esa situación, el procesamiento de la información es deficitario, así como la capacidad de atención. Cuando se sienten estas reacciones corporales, se puede dar por seguro que esa discusión sólo va a empeorar las cosas.

5. Intentos fallidos de reparación. Los intentos de reparación son los esfuerzos por parar la escalada de tensión durante las discusiones. Posturas como “vamos a calmarnos” pueden salvar a las parejas porque reducen el estrés y la agitación. Estas tentativas impiden que “los cuatro jinetes del Apocalipsis” campen a sus anchas y dirijan la relación.
Las parejas que acaban mal son aquellas en que crítica, menosprecio, actitud defensiva y desdén se unen a los intentos de reparación fallidos formando una espiral hostil.

Esta negación a oír las excusas del otro predice el final de las relaciones al 90%, según Gottman. Como conclusión, afirma que lo que marca la diferencia entre quienes responden a los intentos del otro y los que no es la calidad de la amistad en la pareja.

6. Malos recuerdos. La última señal del mal estado de la relación sería la manera como la pareja cuenta su pasado conjunto. Cuando se pregunta a los integrantes sobre algo de su pasado y suelen elegir momentos negativos o negativizar los buenos, es un comportamiento común de parejas mal avenidas.

Con todos estos datos, la clave para reparar una relación no es solamente aprender a resolver las diferencias, sino hacer lo mismo que las parejas que funcionan: cambiar las conductas en los momentos en que no se pelea.

En definitiva, fortalecer la relación de amistad es el punto más importante en una pareja feliz.



miércoles, 15 de diciembre de 2010

HISTORIA DOS


Todo empieza cuando chico descubre una compañera de colegio, él 15 y ella también, o sea diferencia de madurez.

Obviamente los procesos de inicio son siempre bastantes parecidos, acercamiento, emociones, propuestas, rechazos, acercamientos, toques, palabras, propuestas, distancia, más toques, más palabras y así hasta que se ha cumplido todo el proceso de acercamiento, donde las palabras toman forma de declaraciones, propuestas y sobre todo expresiones de fuerte contenido emocional, que llevan a cambiar los toques por contactos dejando la distancia intermedia reducida a la nada.

Y es a partir de ahí cuando empieza para él el sufrimiento. Ella empieza a administrar de manera eficaz los toques, las presencias, las palabras y sobre todo los contactos. “…..No me llames, espera a que yo lo haga…..”. El espera con el teléfono en la mano todo el día, incluso pendiente en la noche, no lo apaga, “…..no vaya a ser que se le ocurra llamarme y si no contesto se molestará mucho….” y entonces hay riesgo de que rompa definitivamente.

Ella, “…. este fin de semana tengo muchas que hacer, no podemos quedar para salir…., pero si tú sales…..”. Y así un fin de semana, otro y otro.

Lo importante, de vez en cuando, de manera intermitente, una llamada, una sonrisa, un toque y nunca un contacto, aunque a él le parece que el toque le puede llevar a un contacto.

Entre un día y otro, van para año y medio, él intentando obtener una palabra, una mirada, un toque y ella, administrando la palabra, la mirada y el toque de manera intermitente en función de lo que quiere que él haga. Si me esperas media hora y si no te enojas, cuando nos veamos te sonrío, te hablo. Ese mensaje no es explicito, está implícito en la relación. Poco a poco ella va ganando toda la seguridad que él va perdiendo.

Ella refuerza su autoestima en la medida que él se debilita. Ella controla, él obedece con tal de obtener en algún momento una mirada, una sonrisa, una palabra agradable, son sólo críticas y reproches que es lo que recibe ahora, lo hace delante de los compañeros y compañeras. Ella es fuerte, se burla, él sufre, se calla, se humilla y de vez en cuando consigue algo de valor y le pide que no actúe con él de esa manera, ella lo niega, le sonríe y le recuerda que es muy susceptible y que no es así. Él se conforma y vuelta a empezar.

Año y medio, ella en dos oportunidades le ha dejado, él ha sufrido, ella le ha perdonado, donde no había nada que perdonar, y ha vuelto con él. Él feliz, convencido de que no debe volver a hacer lo que hizo, como pedirle un poco de tiempo juntos, ya que eso es un error, ella debe ser libre y estará con él cuando quiera, que él no puede forzar la situación, ahora es mejor demostrar más paciencia, no vaya que vuela a romper. Y rompió otra vez y otra vez él sufre y al final después de pedirle, implorarle, ella le hace un favor y vuelve con él. Ahora feliz, es claro que debe tener más paciencia y conformarse con lo que le da.

Intenta aceptarlo, comprender, pero algo no funciona, no se siente bien, a veces la odia desearía no estar pendiente de ella, pero es más fuerte su sentimiento o necesidad, sin ella no pude vivir.

Después vuelve a justificarla, durante un tiempo se calma, hasta la siguiente vez, que normalmente es cuando se establece alguna interacción con ella. Y vuelta al sufrimiento.

Los padres de él, no saben que hacer, cómo actuar ahora. Al principio, fue novedoso: “…nuestro chico ha crecido, está saliendo con una chica…”, se ocupa más de su apariencia de lo que hizo nunca. Nueva ropa, nueva imagen, nueva sonrisa, nuevas respuestas y nuevas preocupaciones.

Qué bien, está actuando con madurez, se ocupa y se preocupa. Nosotros apoyamos, le colaboramos, le orientamos y todos somos felices.

Después de un tiempo, algunos meses, vemos que no está bien, ha dejado de sonreír, comenta muy poco sus salidas, está más delgado, está cambiado, cada vez se ocupa más de su imagen, cada vez más tiempo en el ordenador, en el chat. Más tiempo en el teléfono, ha bajado su rendimiento escolar, si sigue así puede que no apruebe el curso. Están preocupados, hablan con él, y se compromete a estudiar y lo hace, con dificultad aprueba el curso, pero sigue sufriendo.

Verano con altibajos, alegría por una llamada o un encuentro, días obscuros, no le ve, no la escucha, no sabe de ella nada. Ella, llamadas breves, casi siempre con reproches y críticas, incluso aquello de “…tu madre me mira con mala cara…” , no creo que tus padres comprendan lo nuestro. Él no, que no han dicho nada, que les caes bien. Ella “….sí, eso te dicen, pero yo he visto unas miradas…. al final, es que no te conocen, pero cuando lo hagan te querrán como yo…”

Vuelta al cole, la cosa no parece que vaya a cambiar, los padres: “vamos a buscar ayuda” .

Entre otras cosas sobre el comportamiento humano, se les explica el valor e intensidad del “Refuerzo Intermitente”. Se asombran, lo comprenden y planifican un plan de ayuda, para que él “pueda cambiar el programa” y ganar confianza e independencia.

Lo primero, es que debe dejar de ser intermitente, por ahora es imposible que deje de ser refuerzo. Para eso vamos a invitarla a casa, a merendar, a cenar y si fuera posible a desayunar. Segundo, no opinamos nada, ni a favor, ni en contra, siempre amables y muy correctos. Que él vea una actitud positiva, que los padres estamos abiertos y dispuestos a estar con ella, no sólo cuando ella quiera, sino en todo momento. Si ella no quiere venir, no es por nosotros, sino por ella, “libremente”. Tercero, nos ocupamos fundamentalmente de sus estudios, sobre eso vamos a dirigir todos los esfuerzos y además ayudarle.

Tres semanas. Ellos han seguido con bastante sentido común las propuestas de acción, y poco a poco la situación ha ido cambiando. Él, empezó discutiéndole, no estoy de acuerdo, a mí me gusta la camiseta, estoy bien…. Y así paso del temor a decirle algo al no estoy seguro, creo que no está bien. Tiempo de distancia y alejamiento de él, pero no de ella. Cuando ve que le pierde, cambia de estrategia, ahora está cariñosa, dispuesta, cercana, muy cercana. Ha cambiado el diálogo, del “no si podremos vernos”, al “me gustaría mucho que vinieras a pasar el fin de semana en mi pueblo…”. Tremenda tensión para él, entre lo que debe hacer, partido su equipo de futbol juega, pregunta a sus padres qué les parece, ellos…”lo que tu consideres adecuado”, él “no estoy seguro si la quiero…” …Al fin no queda.

Ella muy insistente, “…si de verdad me quisieras deberías escaparte…”, “...te dejas influir mucho por la gente...”. Estás hablando de mis padres, no es cualquier gente. Discusión y respuestas que nunca había sido capaz de decirle o replicarle.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

UNA HISTORIA


Él, hace un poco más de 15 años, decidió apoyarla. Ella estudiaría y él contribuiría con su corto salario a que ella y el hijo recién nacido, estuvieran atendidos. Ser funcionario de organismo público, tiene eso, no es mucho, pero es seguro.

Ella estudiaba, él trabajaba y cuidaba del hijo. Ella iba a la universidad, él hacía las cosas de la casa, en las enfermedades del hijo, él pedía permiso, incluso se internaba con el hijo en el hospital, y estaba encantado de hacerlo, ”para qué tienes un hijo si no te dedicas a él”. Por supuesto ella colaboraba, él se sacrificaba.

El tiempo pasa, el hijo crece, él continua con la misma actitud y comportamiento, ella es inteligente termina los estudios con buenas notas y resultados. La contratan para hacer prácticas, y con ese primer ingreso, ella hace un crucero sola, necesita descansar y padre e hijo en casa están bien. Él comprende.

Un tiempo más, ella consigue un buen trabajo, ellos están contentos. Primera nómina de ella, le pide a él separación de bienes. Él acepta y firma. Desde ahora lo mío es mío y lo tuyo es tuyo. Ella gana en un mes lo que él en dos y medio. Pero lo tuyo es….

Pocos meses después ella decide separarse, él no entiende, desde el principio ha estado atento a todo lo que ella quiere y le ha dado todo lo que él ha podido. No comprende qué pasa, porque ahora que ha terminado la carrera, ahora que podrían vivir mejor…. ¡No sabe, no comprende que es justamente por eso!.

Llegan los papeles, la demanda de ella, él se defiende, busca ayuda. Teme perder al niño, ya tiene 5 años. Ahora comparte con él, y está pendiente, su vida es el hijo. Ella se fue de casa, tiene más recursos, puede contratar profesionales más caros, se supone, más eficaces. Al final después de varios meses, la juez da la sentencia. El hijo queda bajo la custodia del padre y se acuerdan las visitas y todas las cosas pendientes en un acuerdo.

Él está tranquilo y bien, ella recurre, no está de acuerdo. Pero las autoridades ratifican la decisión de la juez. Él con más tranquilidad y con ayuda profesional trabaja responsablemente en la educación y formación de su hijo.

Varios años, hijo buen estudiante, él, padre dedicado a su educación, excelente ambiente en casa, comunicación directa y comunicación clara. Todo fluye con facilidad y armonía. La madre alguna vez ha ejercido su derecho de fin de semana, ha estado muy ocupada desarrollando su carrera. Ahora es un personaje importante. Excelentes condiciones económicas. El hijo no se encuentra a gusto en casa de la madre, “…está enfadada todo el tiempo y está criticando todo lo que hace papá...”, el padre insiste en que debe ir, es su madre.

Con esas disrupciones, la vida continua más o menos tranquilamente, hasta que al inicio de la adolescencia, la madre hace un escrito al juez, para tener la custodia de su hijo…… Nuevos papeleos, interpelaciones, evaluaciones y un sin fin de cosas. Al final, teniendo en cuenta la edad del hijo, se le pregunta y él de manera categórica afirma que quiere quedarse con su padre.

Aparente final de esta ronda, al poco tiempo la madre vuelve a atacar, -es fácil pensar que sus conocidos tal vez digan, ”¿porque tú no tienes la custodia de tu hijo, cuando ha sido siempre así, los hijos se han quedado con sus madres, qué ha sucedido para que una juez se la haya dado al padre?” Evidentemente nadie valora al padre, tan sólo observan los posibles errores de la madre.

Y vuelve a la carga.

Esta vez, hace cumplir las visitas, está pendiente del hijo, hay cambio de estrategia, ya es un adolescente, le compra cosas, la mayoría de veces que vuelve a casa del padre, lleva un bolsa con algo comprado por la madre, ropa, cosas, además de salir a sitios varios. Este primer ataque diferente no cambia la actitud del hijo. El padre observa con incertidumbre lo que está sucediendo, pero todavía: “mamá cree que me puede comprar, si cuando estamos en su casa, sigue gritándome y dice que por tu culpa estoy así”, …él es muy permisivo contigo, claro y yo tengo que ponerte las reglas, a mi me toca la peor parte.…” Pero no quiero ir con ella.

La madre recurre a las instituciones oficiales, para convencer al hijo. Citan al padre y le presionan para que “permita que el hijo vaya a visitar o pasar el tiempo con la madre”, él explica que nunca se opuso y que al contrario los únicos disgustos que han tenido, están relacionado por su insistencia de que vaya a visitar a su madre, a que cumpla las visitas, y cosas así. Las profesionales “no creen… hacen del tema causa de género” y empiezan una serie de entrevistas con el padre y con el hijo, para que “se lleve bien con la madre”. Al final la opinión del hijo se toma en cuenta. ”Quiero seguir con papá”.

Él busca comprender, saber lo que está sucediendo, se le advierte de la edad del hijo y de lo vulnerable que puede ser a “regalos” y a la satisfacción de los caprichos. Él acepta y mantiene el orden, insiste en su método. Habla con el hijo, orienta e insiste en las responsabilidades, no sólo de estudio, también las de casa, poner la mesa para la cena, recoger la habitación y algunas cosas más que siempre se han hecho. Con altibajos, con tensiones pero funcionando, la convivencia es aceptable, hasta antes del verano.

Primavera, la madre cambia de estrategia, no fuerza, ahora regala y escucha. Salen a varios sitios, les acompaña el nuevo novio de ella, que establece buena relación con él. Es divertido y le escucha, le regalan cosas, le llevan a sitios interesantes, viajes de fin de semana, espectáculos, teléfono móvil y sobre todo ropa ‘de marca’.

La estrategia va produciendo efecto. “Papá tu eres pobre, no como mamá… su novio es divertido y me permiten… porque no eres como ellos…”, para al final “prefiero ir a vivir con ellos, me lo paso mejor”. Fuerte tensión en casa paterna, cuando es hora de acostarse, de cortar con internet, poner la mesa, hacer los deberes y esas cosas. A la adolescencia se le añaden los regalos, los viajes, las salidas y más…

A finales del invierno pasado, el hijo le pide al padre que le gustaría irse a vivir a otra ciudad, ya que no está a gusto en esta. Al padre le parece bien e inicia un trámite, en su trabajo para poder ir a trabajar a otra ciudad. El trámite es laborioso y complejo, no solo deben darle permiso aquí, sino que deben estar de acuerdo allí y además es un intercambio, alguien debe venir, para poder irse y además el jefe de allí, debe finalmente estar de acuerdo, en fin que empieza el trámite y tendrá noticias más adelante, posiblemente después del verano tendrá la respuesta.

El verano llega y aumentan las tensiones, “…papá aquí somos muy pobres, deberías ver la casa de mamá… mamá me deja estar hasta tarde en el ordenador, tu eres…” y suelta un montón de improperios, se le ve enfadado y sobre todo muy frustrado, a la menor oportunidad, por ejemplo cuando vuelven del pueblo, va directamente a casa de su madre…

En el momento actual, el traslado de puesto de trabajo está concedido, pero el hijo ha decidido que no va, “ ¡que voy a hacer en otra ciudad, si mis amigos están aquí, además no quiero alejarme de mamá…, etc.” argumentos. El padre ha decidido que si eso es lo que quiere que se quede con su madre, está dispuesto a buscar un acuerdo y renunciaría a la custodia, porque tiene claro que si el hijo es lo que quiere, él va a respetarlo.

Le hubiera gustado, ya que fue él quien lo pidió, mudarse a la otra ciudad con él, pero está dispuesto a empezar otra vez, una nueva vida. Qué se la va hacer…

CONCEPTOS, REFLEXIÓN O ANÁLISIS

Lo esencial está relacionado con lo que sucede en cada momento.

La relación con eventos reforzantes o estimulantes, va moldeando el comportamiento, esa relación, de manera directa, se ve influenciada en la forma en que las personas establecen su relación con el medio, y cuando decimos medio, no sólo son cosas, sino fundamentalmente personas, de relación interpersonales.

Sí, mamá ahora, es verdaderamente capaz de administrar el refuerzo sobre aquellos comportamientos que hacen que su hijo esté más cerca de ella, lo conseguirá con relativa facilidad, más aún teniendo en cuenta el nivel de adolescencia del chico. Donde existe un exigencia de inmediatez casi sobre todo.

A eso se le debe añadir el valor de la intermitencia dentro de la administración de los refuerzos, a veces si, a veces no. Puede que a veces sea una cantidad de tiempo transcurrido y otras otra. Lo importante es que obtenga refuerzos por aquellos comportamientos que le acerca a la vida y estilo de la madre.

Pero paralelamente ese tipo de dirección, debido al esquema y valores educativos del padre, le aleja de él. Al final son dos estilos de vida diferentes.

El hijo al final, a medida que pase el tiempo deberá aprender a ver las cosas con perspectiva. Y ser capaz de comprender las acciones de cada uno de sus progenitores en relación con lo que a su vida le han aportado.

Dentro de la educación y formación de nuestros hijos, y directamente dentro de la relación interpersonal, es decir padre – madre, madre – hijo, hijo – padre, etc, tiene mucha importancia el intercambio continuo de reforzadores. Es decir, en tu presencia, ¿qué sucede cuando hago algo?. Cuál es la relación de Consecuencias que mantenemos dentro de la relación. Que haces tú cuando yo hago algo y la vez qué hago yo cuando tú haces algo? Si lo que obtengo tiene que ver con satisfacción de necesidades o simplemente con elementos de placer, ayudara a que vuelva a hacer lo mismo. Lo que es gratificante, lo que me refuerza y a su vez lo que te gratifica y es reforzante, marcará la base de un tipo de interacción.

Y no debemos olvidar que: “el intercambio de conductas es un aspecto importante de la educación y formación…

viernes, 22 de octubre de 2010

NUESTROS MONOS


Pienso que en mi vida hay monos, muchos monos.

Son todos aquellos miedos, temores o inseguridades que de alguna manera están en mi vida, forman parte de ella. Ciertamente los años han ido reduciendo notablemente el número de monos, pero todavía quedan algunos.

Hay monos pequeños, que están siempre a mí alrededor, se mueven, lo desordenan todo y hacen mucho ruido. Esos monos pequeños van desapareciendo; de vez en cuando me enfrento a uno, lo atrapo y lo elimino. Como por arte de magia, si te enfrentas a un mono y le atrapas, éste inmediatamente deja de existir, …..desaparece.

Normalmente, empiezan siendo monos pequeños, inofensivos incluso hasta casi divertidos pero, de alguna manera, les voy alimentando, les permito crecer hasta que ya no son tan inofensivos. Pasan de ser divertidos a peligrosos y terroríficos.

A veces ese mono llega a ser lo suficientemente grande que me impone “respeto” y entonces no me atrevo a enfrentarme con él. Ese “monazo” condiciona mi vida, mis actividades, mis afectos, en fin casi todo y por lo tanto dejo de ser una persona libre, en el mejor sentido de la palabra.

También en algún rincón hay uno grande, un verdadero King Kong, está quieto, agazapado y no quiero ni mirarlo, no vaya a ser que reaccione. Ese es el supermiedo, está ahí, sé que existe, sé que está ahí y que quizás algún día, cuando pase el tiempo logre enfrentarme con él o simplemente al no alimentarlo deje de existir.

Lo malo es que, como mal inevitable, los incorporo a mi vida, A veces puedo llegar a la conclusión de que tienen que estar ahí y me convenzo de que es así, tiene que ser así.

Los monos, pueden ser simples; miedo a caerse, a perder, a que me engañen, me humillen o a cosas cotidianas, también los hay complejos; miedo a que mis hijos fracasen, y terminen metiéndose en dificultades, o a no ser capaz de conseguir metas que me propongo.

Lo peor es cuando alguien de mi entorno, mi jefe o alguien de mi familia, amenaza con despertar algunos de los monos “importantes” que me rodean. Entonces para evitar que ese mono empiece a moverse, soy capaz de hacer o darle a esa persona lo que sea con tal que no active mi mono. Y así esa persona, ya sea deliberadamente o no, tiene control sobre mis monos, y por lo tanto empieza a controlar mi vida, o varios aspectos de ella. Mal asunto.

También puede suceder que, alguien ponga en mi hombro algunos de sus monos, y entonces, y de pronto, sin proponérmelo, tengo uno más. El otro, cree que se libra de uno poniéndolo en mi vida (por supuesto algunas veces yo también hago eso). En realidad no es más que una ilusión, porque no me libero del mono, lo que hago es duplicarlo, ahora ya hay dos monos iguales, con diferente dueño.

La vida en sí “nos regala monos”, pero también nos va dando recursos para enfrentarnos y acabar con ellos. Para poder vencerlos el primer paso es reconocerlos, reconocer que existen y que están condicionando mi vida.

Ahora tan sólo quiero pedir que a esta metáfora nuestro lector le ponga ejemplos ilustrativos que le ayuden a conocer sus monos.

lunes, 27 de septiembre de 2010

LA HABILIDAD DEL JUNCO


A la orilla de un río, un roble fue derribado por una tormenta y, arrastrado por la corriente, una de sus ramas se encontró con un junco crecido en un juncal cerca de la ribera. El impacto produjo un gran desconcierto en el roble que no pudo evitar preguntarle al junco cómo había logrado mantenerse sano y salvo, en medio de una tempestad que, por su furia, incluso había sido capaz de arrancar de raíz un roble. "El por qué", dijo el junco, "consiste en que yo logro mi seguridad mediante una habilidad opuesta a la tuya: en vez de permanecer inflexible y testarudo, me adapto ante las ráfagas del viento y no sucumbo".

¿Eres árbol o junco?

EL JUNCO:
Estrategia básica: Ser flexible.
Ventajas: Pocas necesidades vitales y adaptación.
Inconvenientes: Vulnerable ante múltiples amenazas.

EL ÁRBOL:
Estrategia básica: Ser fuerte.
Ventajas: Resistencia a múltiples amenazas.
Inconvenientes: Sin flexibilidad, con lo que un ataque en su punto débil, con la fuerza necesaria, puede destruirlo; además tiene muchas necesidades vitales.

No hay una estrategia única que asegure tu supervivencia, habrá que asumir las ventajas e inconvenientes de cada una. Así, aprovechamos al máximo las ventajas que te da la elección y prepararse seriamente para contrarrestar los puntos débiles, para que cuando aparezcan las circunstancias adversas, asegurar la existencia.


miércoles, 28 de julio de 2010

PENSAR EN OTROS


"Otra cosa que me parece evidente es que desde el momento en que alguien solo piensa en sí mismo, el foco de toda su realidad queda reducido a su persona y, como consecuencia de ese enfoque limitado, cualquier pequeña molestia puede parecer desproporcionada y causar temor, inquietud y un sentimiento de desdicha abrumadora. No obstante, desde el momento mismo en que alguien piensa en los demás con afecto, su perspectiva se ensancha y sus problemas le parecen insignificantes. He ahí la diferencia. "

DALAI LAMA

lunes, 28 de junio de 2010

LA FÁBULA DE LA OSTRA Y EL PEZ: Una metáfora de la comunicación


Un pez que habitaba las aguas de un fondo marino quedó prendado de una ostra por la belleza de su comportamiento. Movía las valvas de una manera tan suave y armoniosa que suscitaba admiración y deseos de acercarse y conocerla. Así le ocurrió al pez, pero sus deseos eran tan intensos e irrefrenables que se acercó de una manera impulsiva. La ostra se asustó y reaccionó cerrándose al instante. El pez quedó sorprendido ya que no pretendía hacerla daño alguno. La rogó que abriera sus valvas, la imploró mil veces e intentó de mil maneras de abrirla pero todas terminaron en fracaso: la ostra más y más intensamente se cerraba. El pez buscó ayuda y consejo en otros peces del lugar que tenían experiencia en abrir ostras. Estos le ayudaron a comprender que el acercarse de una manera brusca y sin miramientos, aunque sus intenciones fueran buenas, produce tanto miedo en las ostras que se cierran de manera refleja. Y si además, trata de imponer su presencia y llega a forzarlas para que se abran, estas llegan a cerrarse tan intensamente que no hay nadie que llegue a abrirlas. Las ostras son seres tan sensibles y orgullosos de su intimidad que no consienten comunicarse con nadie si ellas previamente no lo deciden. Le aconsejaron que no les imponga su presencia, que se acerque a ellas de una manera suave, que intente conocerlas escuchando y observando el movimiento de sus valvas, que trate de imitar sus movimientos y sus reacciones hasta suscitar en ellas el deseo de comunicarse con él. Si lograba que las ostras se sintieran libres para decidir por sí mismas si conversar con él o no, habría logrado lo más difícil, y lo más útil también para que las ostras compartieran sin temor alguno sus bellezas e intimidades. El pez puso en práctica estos consejos y consiguió al final disfrutar de la belleza y compañía de las ostras.

Si se desea una recreación más extensa de esta fábula puede consultar en Costa y López (1996).