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lunes, 15 de julio de 2013

POR MI CULPA...

María (otra maravillosa María), después de contarme, explicarme, la situación en la que ha estado viviendo, de mucha infelicidad y dolor, con un poco de tristeza y mucho cansancio, me dijo, “¿ves? no lo puedo evitar. Actúo como me han enseñado a hacerlo, como esperan que lo haga y lo más importante es que si no lo hago, si no actúo, como mi marido, mis hijos, mis amigos, compañeros y todos esperan que lo hagan, me siento mal, y me siento culpable. Soy mi peor enemiga”.
Ciertamente no ha sido, la tuya, una educación muy liberadora. Ya que una cosa son los valores de respeto, tolerancia, integridad, etc.., y otra muy distinta es la de la culpabilidad, la autocrítica excesiva, y sobe todo hacer que las opiniones y necesidades de los otros valgan más y sean más importantes que las tuyas.
Me decías, que si no haces lo que ellos esperan, te sientes mal. No puedes asumir el malestar que puedes causarles, que si tu no lo haces, ellos no tendrán lo que buscaban o necesitan. Por lo tanto, no eres una “buena” madre, esposa, amiga, compañera, etc. ……
La instrucción recibida te ha marcado en unos roles muy predeterminados, con características, obligaciones y responsabilidades específicas. Por supuesto hay libertad para las nimiedades, pero no para lo esencial. Y lo esencial es la forma profunda, los patrones, criterios y conceptos sobre los que edificas tus roles. Está claro, debes hacer lo que se espera que hagas.
Pero lo más importante es que si por alguna razón, ya sea por causas propias o ajenas, no cumples como crees que debes cumplir, se ha introducido un elemento de control perfecto. Un mecanismo poderoso y eficaz, llamado CULPA.
La culpa es un elemento de control importante dentro de la formación. Asociada a los valores de todas las religiones, incluso hay una oración que especifica: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa…….. está claro que tienes que haber hecho algo muy grande o tremendo para sentirte muy culpable. (Si Hitler, con todo lo que organizó, no se sintió culpable, tú que no has hecho nada…) Es una forma de control y sirve para que las personas sean menos libres, creativas y originales. Ya que si me siento culpable, haré todo lo posible para no sentirme así.
Finalmente le pregunte a María, si estaba dispuesta a cambiar, o al menos intentarlo. Y quedamos que debería dar espacio a la Nueva María. A partir de ahora, y ante cada situación podría elegir entre el comportamiento de María (la antigua) o proponerse un cambio y preguntarse como actuaría la Nueva María, y actuar en consecuencia. Le advertí de que tendría que ser paciente y persistente, hasta lograr que al final ocho de cada diez sean la nueva María.
Pero para conseguir que la nueva María emerja y brille con luz propia, es imprescindible que toda la educación culpabilizadora esté profundamente superada. Es vital que las sensaciones y sentimientos de culpa no controlen, modulen o influyan en la nueva María.
Por eso, amiga María, cambiar es un trabajo muy duro, que requiere una práctica constante e intensa, pero en el propio resultado se encuentra la recompensa. Así pues, saca a pasear a la Nueva María y vive plenamente.

miércoles, 19 de junio de 2013

¡¡¡Qué lástima que sea manco…!!!



Una tarde, como otra cualquiera, iba en metro al encuentro con mi actividad profesional, que en este caso era un seminario de desarrollo del liderazgo para una veintena de inteligentes y magníficos estudiantes. Sentado, reflexionando, cuando vi entrar a un niño de unos 8-9 años, rápido, alegre y se sentó en el asiento libre a mi lado, detrás venia su madre que le pedía que no corriera, mientras hacia una especie de malabarismo con las cosas que llevaba, que según pude ver, era una mochila pequeña, su bolso, una mochila grande que era del niño, un patinete, una cazadora, también del niño y la suya, era un día frio y lluvioso. Se sentó en el asiento libre al lado del niño. Intente seguir en mis cavilaciones, pero no pude dejar de mirar la escena que sucedía a mi lado, la madre, abrió la pequeña mochila, sacó un bocadillo envuelto en papel de aluminio, lo abrió, más bien lo peló como si fuera un plátano y acercándoselo a la boca del niño, le dijo: “muerde”, muy obediente él lo hizo. Esta operación se repitió unas cuantas veces hasta que no hubo nada más que morder.
Cuando la madre me miró orgullosa de su retoño, en uno de los intervalos, mientras el sujeto masticaba, no pude evitarlo, y le dije: “que niño tan simpático, parece inteligente, lástima que sea manco”, me miró y a continuación, a modo de disculpa dijo, es que tiene las manos muy sucias, obviamente hice una sonrisa de comprensión y entendimiento. Era evidente, que con la cantidad de aluminio rodeando el bocadillo, ese no era el tema. Después, la madre sacó de su mochilita, una botellita del tipo yogur líquido, que tiene una argolla, de la que hay que tirar para abrir. La madre, sin abrirla se la dio al niño, quien inmediatamente se la devolvió, la madre persistió y el chico también. Como llegaba a mi destino, salí del vagón y me fui haciéndome la pregunta: al final quién abrirá el frasquito plástico de la bebida. En clase conté mis alumnos la experiencia y les plantee mi duda, de manera automática, casi todos respondieron: “la madre”. Bien hasta aquí la anécdota, la preocupación de una madre para que su retoño se alimente.
Lo importante es saber porqué una madre, al parecer responsable e inteligente, no es capaz de comprender, que mucho más importante que merendar urgentemente, es conseguir independencia y autonomía, hacer de su hijo un ser humano responsable y autónomo. ¿Qué presiones culturales, sociales, familiares, influyen sobe ella?, para que cambie el fundamento de su rol de madre, por el de – al servicio de…- ya que con el tiempo, y cuando ese niño crezca pueda llegar a convertirse en un tirano de la familia. Estará entrenado a recibir y no habrá aprendido a dar, a esforzarse y sobre todo a no esperar. Tu hambre y mi preocupación no pueden esperar, buscamos resultados a muy corto plazo. Lástima que la vida no funciona así. Y quizás ahí está una de las muchas claves del fracaso, no sólo escolar.
El centro de su universo será él y se sorprenderá que le exijan, que tenga que esforzarse, y ya no digo sacrificarse. Eso no habrá entrado nunca en su programa educativo.
Qué hay en nuestra cultura que hace que aquello que deseamos, soñamos y buscamos, como es tener un hijo, termine siendo, se pueda transformar, algunas veces en un castigo, una carga o simplemente una penosa responsabilidad.
Me imagino que es importante cambiar de paradigma, quizás debe uno hacer la pregunta: ¿qué tipo de persona quiero ayudar a conseguir?, ¿qué tipo de ser humano me gustaría que fuese?.
‘Pelarle’ el bocadillo, parece una tontería y lo es, no tiene mayor importancia, si solo fuera eso, pero, si a eso siguen otras situaciones de aprendizaje, donde el esfuerzo no está presente, entonces el asunto es relevante, y cambiarlo es un tema urgente. Entre más tiempo el “retoño” reciba los beneficios de “ser manco”, le será más difícil comprender y aceptar salir de la zona de comodidad. Sabemos que se lucha con todas la fuerzas para que nada cambie, ya que así está todo bien. Y cuando todo se le complica, queremos que “deje de ser manco” mediante enfados, castigos o cualquier otro medio que creemos que puede ayudar a cambiar la situación y la cosa se complica mucho.
Parece que es mejor, más barato, en términos de energía, cariño y dolor, crear desde el principio, comportamientos asociados al esfuerzo, sacrificio y entrega, que ciertamente les preparará para enfrentar cualquier situación futura, con éxito.

lunes, 6 de mayo de 2013

LA “PRUEBA DEL VECINO”



El especialista en educación emocional Maurice J. Elías pide a los padres que acuden a sus talleres que hagan esta prueba. Imaginen que todos en casa se están peleando: rencillas, gritos, exabruptos, reproches, prisas y tensión invaden la casa. Alguien llama a la puerta. Es el vecino. Cuando entra en casa, todos se calman de repente. Nada es demasiado bueno para el vecino: los miembros de la familia son de repente increíblemente civilizados y atentos. Todos están encantados y se lo pasan bien. Cuando el vecino se marcha pueden ocurrir dos cosas: que todos empiecen de nuevo a pelearse o que cada cual retome sus actividades sin más. Y Elías pregunta a los padres: “¿Por qué necesitamos que un vecino nos obligue a ejercer el autocontrol que todos llevamos dentro? Los adultos necesitan aprender a comportarse con inteligencia emocional sin que nada les fuerce a ello. Así que recomiendo a los padres que hagan la prueba del vecino. Es muy sencilla: ¿es usted capaz de comportarse con sus hijos y su pareja durante un día entero como si un vecino lo estuviese escuchando todo el tiempo? ¿No decir nada a su hijo o pareja que el vecino no pudiese escuchar? Muchos padres me confiesan que les resulta muy difícil. Y yo les digo que cuando consigan hacerlo durante todo un día, tienen que intentar hacerlo durante un día todas las semanas. Las personas necesitan este día semanal para encontrar de nuevo su equilibrio emocional, para que les hablemos de forma más respetuosa y cariñosa.
Elsa Punset. 2008


A veces hablamos con chicos de alrededor de veinte años que están ‘perdidos’ y no saben qué hacer con su vida; entonces surge la reflexión acerca de cómo han llegado a ese punto, y qué factores han influido, aparte de la situación social actual.

Los jóvenes presentan, cada vez más a menudo, falta de responsabilidad, escaso autocontrol, egoísmo (y egocentrismo), poca tolerancia a la frustración, y una tendencia excesiva a la manipulación. Encontrar la llave al problema que desemboca en estas actitudes es la clave para atajarlo y para empezar a aplicar técnicas efectivas y sencillas. Tal vez sea que todo avanza y sucede tan rápido, que nuestros ritmos de vida y lo que consideramos como "normal" implica rapidez y cambios constantes, a lo que los niños también se han habituado y han perdido la capacidad de esperar y de tener paciencia y/autocontrol. A veces, el cansancio, la culpabilidad y/o sobreprotección hacen de palos en las ruedas para que la educación se resienta.

El autocontrol y la responsabilidad es una cualidad que no es innata, se aprende. Y el principal modelo de acción es la familia, por eso, los padres somos los primeros que debemos poner en práctica las conductas adecuadas para potenciar este aprendizaje esencial para el desarrollo personal y social de los chicos. Es decir, pensar que tenemos siempre al vecino al lado y no hacer ni decir nada que no queramos que el vecino vea o escuche.


viernes, 15 de febrero de 2013

¡AH EL AMOR! y el poder



Temprano en la mañana, mucho frio, veo un hombre joven a un costado de las puertas de cristal de una peluquería, que está mirando hacia adentro y la mano que tiene en la espalda guarda una flor, amorosamente envuelta. Me acerco y le agradezco por recordarme las acciones del amor, las bonitas locuras que hacemos los humanos, me mira con alegría, me señala a la chica que dentro y detrás de la caja estaba trabajando y me dice: es para mi novia. Me alejo feliz, pensando que si la novia no sale pronto, tendrá novio y flor congeladas. ¡Ah el amor!

Ya por la tarde, mientras espero en una parada de autobús, una joven gritando al teléfono dice: ” tienes que dejarme el coche (casi no escucha) como padre, es tu obligación dejarme que use el coche… y algunas lindezas más. Me estaba poniendo nervioso y menos mal que llegó su autobús. Que paz cuando se fue. Qué tristeza. ¡Ah el amor!

Es evidente que la historia de la humanidad, está marcada por la cantidad de cosas que los humanos hacemos en nombre o por causa del amor, sea el que sea, a la pareja, al amigo, al padre o a los hijos, etc… A veces el resultado de esas acciones produce el efecto buscado o deseado, y la cosa marcha bien. Pero muchas otras, como en el caso de la chica del teléfono, son solo formas de control o sometimiento. “Porque eres mi padre y obviamente me quieres, tu obligación es que yo tenga todo lo que quiero”. Él piensa en ella y ella también.
Los actos de amor, abarcan todas las posibilidades de acción de los seres humanos. Son acciones que están dirigidas, relacionadas y sobre todo determinadas por otras personas, cosas o situaciones. Son en definitiva un intercambio. ¿Pero qué sucede cuando no hay intercambio, cuando uno sólo recibe o sólo da? En lo fundamental, se ha perdido el equilibrio, el refuerzo, la creación de estar bien (Bienestar), sencillamente se ha roto, se tergiversa el sentido, el concepto y sobre todo el sentido, ahora se sufre, hay malestar o dolor. Debemos tener claro que cuando se llega a esa situación, algo se está haciendo mal. El poder que le hemos dado a la otra parte, lo usa contra nosotros. A veces hemos trabajado mucho para llegar a esa situación y nos sorprende el resultado, que no tiene nada que ver con lo que queríamos. Debemos recuperar el poder, tenemos que ser capaces de actuar para recuperar el poder.
Cuando el hombre joven espera -helado- a su novia, para darle una flor, ella adquiere poder sobre él, si ella es recíproca le da también poder a él sobre ella. Muchas personas, como el padre de la chica del teléfono, terminan plegándose a las exigencias, con la esperanza de seguir teniendo el control y el poder sobre su hija, a la vez que ella ya lo está ejerciendo directamente.
Definitivamente, las acciones de amor son acciones de intercambio que deben ser entendidas como entregas de parcelas de poder. Por eso se deben administrar bien y no despilfarrarlas, deberían ser entendidas como una renuncia voluntaria y no como una debilidad y pérdida. ¿Qué debemos hacer con el poder que otros (que nos quieren) nos dan?, ¿cómo debemos utilizarlo? ¿Es para nosotros y usarlo en su contra o es para construir una relación, una situación o un mundo mejor?

miércoles, 28 de noviembre de 2012

CUANDO MI HIJO GANA, PERDEMOS TODOS. La derrota de los padres es la pérdida del hijo.



Los padres vienen desesperados, su hijo de 11 años hace casi un mes que no va al colegio. Según él, un día lo pasó mal por no ir al baño y ya no quiere ir más a clase. Lo han intentado “todo”, pero el niño se niega en redondo y no hay manera.
Cuando profundizamos, vemos claramente que desde siempre, el chico ha ido ‘por delante de sus padres’. Él toma las decisiones, ha aprendido a ‘negociar’ con ellos y al final se sale con la suya. Se convierte en una cuestión de ganar o perder.
Así, ha aprendido a evitar situaciones que le causan desagrado, como montar en ascensor;  cuando juega al fútbol y está cansado, hace que se lesiona y así salir del partido para poder descansar; y al final hasta no ir al colegio. Esto va causando una pérdida de seguridad y autoestima, que provoca continuar evitando y escapando y no enfrentar situaciones que requieren un esfuerzo, pero que a su vez permiten desarrollar competencias y habilidades necesarias, sobre todo en un niño de su edad.
Las cosas no pasan de un día para otro sin más, son resultado de un proceso, a veces muy largo, en el que se van sentando las bases de una interrelación y aprendizaje, adaptativos o no. Si a un niño no le marcamos un mínimo de señales e hitos para que vaya por un camino de desarrollo personal, él va a elegir su propia senda y va a ser la más cómoda, pero no la mejor.
Por eso, si le dejamos el poder a él, nos perjudicará  a todos, y todos  perderemos.