Visita nuestra web cpcgrupo.com y el twitter @cpcpsicología

CPC-Comportamiento Humano te da la bienvenida a nuestro blog, disfrútalo.

viernes, 3 de junio de 2011

REFLEXIONES

"Lo que hacen los otros puede ser estímulo de nuestros sentimientos y acciones, pero no la causa"

Marshall Rosenberg. Comunicación No Violenta. Un lenguaje de vida.


… y con razón, porque no hemos adquirido el vocabulario de nuestra vida interior.

No hemos aprendido a describir con precisión lo que sentimos ni cuales son nuestras necesidades.

Estos últimos años somos más conscientes que nunca de las profundas semejanzas existentes entre todos los organismos vivos…

Toda vida es similar, y todos nos parecemos mucho más de lo que imaginamos.

George Wald (biologo, Premio Nobel)

miércoles, 18 de mayo de 2011

EL CLAVO


Érase una vez un chico con mal carácter. Su padre le dio un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la cerca del jardín cada vez que perdiera la paciencia o se enfadara con alguien.

El primer día clavó 37 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y día a día disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la cerca. Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos.

Finalmente llegó un día en el que ya no clavaba ningún nuevo clavo. Entonces fue a ver a su padre para explicárselo. Su padre le dijo que era el momento de quitar un clavo por cada día que no perdiera la paciencia.

Los días pasaron y finalmente el chico pudo decir a su padre que había quitado todos los clavos de la cerca. El padre condujo a su hijo hasta ella y le dijo: “Hijo mío, te has comportado muy bien, pero mira todos los agujeros que han quedado en la cerca. Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva le dejas una herida como ésta”.

Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará herida. No importan las veces que le pidas perdón, la herida permanecerá. Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida física. La gente que te quiere y a la que quieres son joyas difíciles de encontrar. Cuídales.

viernes, 29 de abril de 2011

HISTORIA CINCO


Vienen a buscar orientación y ayuda. Los padres, el hermano de ella, la hija y hermana de unos 40 años.

Están preocupados, ya que ella, vive en un pueblo lejos de la ciudad, junto con su marido, se dedican a la labranza, los hijos jóvenes, él 18 y ella 20, viven en la ciudad. De vez en cuando la madre viene a visitarles. Les tiene prohibido hablar con los abuelos, su contacto es el tío, de 34 años.

Ellos llevan años intentando hablar con ella, ayudarla. Le han ofrecido la casa para cuando venga a la ciudad, ella lo ha aceptado pero una vez en casa a los pocos minutos se enojó, y reaccionó con ira y se fue dando un portazo y sin dar ninguna razón.

Estos últimos 12 años, ellos, han intentado ser lo menos intrusivos, a veces la madre, no puede y le pida a la hija alguna explicación, esta se enoja y la insulta. Desean saber cómo poder ayudarla y poder comunicarse con ella.

Al principio de la historia, ella, en contra la opinión y voluntad de los padres, hermano y amigos, decide casarse. Desde el principio él se comporta agresivamente con ella y a los pocos meses se impone y ella pierde la confianza, la seguridad y le va teniendo miedo. De manera que se establece la relación maltratador-maltratada.

Esta relación es el paradigma de lo que el “refuerzo intermitente” puede hacer y afectar sobre el comportamiento humano.

Ella se esfuerza para que no haya ninguna situación que a su marido moleste o le disguste, cada vez se tiene que esforzar más, ya que cualquier pequeña cosa, incidente o a veces simplemente el mal humor de él, hace que estalle. Con relativa velocidad pasaron de la agresión verbal a la física.

Como están aislados en el campo, y el pueblo no está muy cerca, ella no necesita mucho esfuerzo para disimular delante los vecinos, aunque todo el mundo lo sabe. Ella lo justifica indicando que “es un hombre bueno, pero es que a veces tiene arranques de rabia, pero luego cuando se le pasa es muy cariñoso y dice que me quiere.

Nacieron los hijos, eso la distrajo, aumentaron sus preocupaciones y su maltrato. “…no haces nada, sólo te ocupas de los hijos… etc.”. Al final fue capaz de organizarse, de manera que cuando él volvía a casa, del campo, pero normalmente del bar, ella ya había resuelto todas las tareas de atención con los hijos y estaba así dispuesta a atenderle a él.

Cuatro, casi cinco años, los hijos fueron creciendo, y a él no le pareció bien la escolarización, “…ya aprenderán más tarde….” Ella a esa altura del tiempo ya había roto con los padres, él la presionaba y le influía sobre “…..que pasa que tu madre decide lo que vas a hacer… además ya sabes cómo es tu padre, nunca me han aceptado, ellos se creen superiores….” Día a día con esa letra o canción parecida. Cada vez que hablaba con ellos, terminaba criticándoles por todo y reprochándoles y afirmando que por culpa de ellos, ella estaba en esa situación, por no haber aceptado a su marido… etc.

Hay otro hermano, con el cual tuvo algunos altercados, decidió salir de la vida de ella y así lo hizo. Cosa que a ellos, los padres, les entristece, pero lo comprenden.

En ese tiempo, sobre los cinco años de matrimonio, ella se armó de valor, decidió abandonarlo y cogiendo a sus hijos se vino a la ciudad, a la casa de los padres. Ellos comprendieron la situación y le ayudaron, intentaron no entrometerse en esta situación. Al principio el marido no daba ninguna señal de existencia, pero pasados unos 10 días empezó a llamar y la insultaba y amenazaba por teléfono. El mensaje era: “… no sé porqué te has marchado, si aquí no te falta nada, tienes de todo y tu deber es estar con tu marido y además los hijos deben estar en casa con sus padres….”

Esas llamadas producían miedo e incluso algunos momentos llegó a dudar si lo que estaba haciendo estaba bien. “ … Es cierto, la mujer debe estar con su marido y además él no es tan malo, sólo cuando vuelve del bar un poco cargado, pero ya le conozco, es así y sé manejar la situación…..” A la vez el hermano la escucha y le ayuda a ver las cosas con cierta objetividad. Los padres en cambio no quieren saber nada de él.

Tienen la creencia que insistiendo en describir como él se comporta con ella y con los hijos, ella va a ver la realidad y comprender mejor lo que sucede y así fortalecer su situación actual. Se equivocan, ya que termina pensando que su marido tiene razón, los padres no le quieren y esa es la causa de su infelicidad, ya que si él fuera aceptado serían todos muy felices...

Pasan días, poco a poco ella va perdiendo algo del miedo y se atisba un principio de autonomía en sus acciones. Está más permeable a escuchar y el hermano y alguna amiga, le proponen que sería bueno, buscar ayuda profesional, insistiendo un poco termina aceptando la idea y buscando encuentran en un centro de salud una psicóloga que la puede atender.

Ella acude a entrevistas. Ellos, los padres y el hermano confían que eso le ayude a encontrar la tranquilidad, y sobre todo la seguridad que ella ha perdido y pueda de manera eficiente, resolver esa relación tan destructiva para todos.

Pero, llega un día a casa y dice que la psicóloga le ha dicho que debe hablar con él y entonces le llama y queda con él. Ese día ella se arregla, como no lo había hecho hace tiempo. Ellos los padres y el hermano, intentan disuadirla. “Que no es le momento, que no estas preparada, y muchos otros argumentos, incluso ofrecen la casa para la entrevista…” Pero no, la psicóloga ha dicho que debe ella hablar con él y punto.

El gran día, ellos y el hermano esperan impacientes. Cuando llega viene sonriente y empieza a hacer la maleta, definitivamente estaba equivocada y vuelve a su casa, al campo con él, que ha reconocido sus errores, está arrepentido y le promete que no a volverá a suceder. Está feliz, coge la maleta, los hijos y sale de casa, él la está esperando abajo. No sin antes acusar a sus padres, por querer alejar de su marido, de que son unos egoístas, que la quieren tener sólo para ellos, sin importarle lo que ella quiere, incluso permitiendo que sus hijos puedan criarse sin un padre cerca y que no quiere saber de ellos nunca más.

Han pasado más de 10 años, no han vuelto a verla. Ella está en el pueblo, vive con él. Los hijos viven en la ciudad y de vez en cuando les viene a visitar. Alguna vez la han visto, y sufren por ella, la ven muy deteriorada, mucho mayor sobre la edad que tiene, y al teléfono se pone primero a la defensiva y después muy agresiva, especialmente con la madre de ella. Pero ni una vez han ido a la casa de los padres. Los nietos tampoco quieren saber de ellos. Su única vía de contacto es el hermano de ella.

FINAL

La posibilidad de ser capaz de obtener “refuerzos” por la propia acción es parte del aprendizaje de independencia y autonomía. Muchas personas, por diversas razones, son incapaces de conseguir refuerzos suficientes, como alcanzar aceptables niveles de autonomía o autosuficiencia. Necesitan que otros, a los que consideran “importantes y vitales” mediante la interacción con ellos obtienen refuerzos que de otra manera no sueles ser capaces de obtener. Pero a la vez, esos otros administran la relación de manera intermitente, de manera que consiguen una elevada dependencia hacia ellos, de llamémosles, sus ‘esclavos emocionales’.

Para recibir el cariño, amor o simplemente el buen trato, “….debes hacer exactamente lo que quiero y no desviarte, ni un milímetro. Si no lo haces, te puedo castigar, simplemente te ignoro, te castigo y llegado el momento te maltrato…”. Con lo que tú: “… buscas que él se comporte contigo, como desea, necesitas y “sueñas” y así sucede que hay refuerzo y a la vez evitas el castigo. Programa perfecto, evitación de castigo mediante acciones claramente señaladas para obtener el refuerzo.

Esta historia ilustra el impacto que un “programa” de refuerzo puede llegar a tener sobre el comportamiento humano. La fuerza que puede llegar a tener sobre la vida de personas, llevando a tener una vida llena de miedo, dolor y de sometimiento.

miércoles, 2 de marzo de 2011

HISTORIA 4


Ella estudió Derecho por vocación, se dedicó mucho a ello. Por eso en el mismo “mundillo” le conoció a él, que al final se hizo juez. Se casaron y nació su hijo, igualito a él. Ella empezó a trabajar para una gran empresa y pronto consiguió un cargo importante. Este puesto le obligaba a viajar mucho, y como compañero de viaje a menudo iba su jefe. Pasaban muchas horas juntos, sintonizaban bien, y al final “pasó lo que tenía que pasar”, según ella. Él también estaba casado, y además con una posición social importante, aun así insistía en que su matrimonio ya no funcionaba. Ella al final terminó separándose, y no de una forma muy tranquila. Desde entonces, su vida ha sido un ir y venir de emociones, positivas y negativas. Sobre todo al principio, los viajes estaban llenos de pasión, y lo pasaban bien. Luego, de vuelta a Madrid, “como si no hubiera pasado nada”, cada uno en su sitio, y sólo se limitaban a la relación profesional, aunque siempre con una dosis de complicidad. Ella lo pasaba mal, intentaba encontrar huecos para un abrazo, el ascensor, el aparcamiento..., pero él no cedía mucho más. Después de un tiempo, en algunos viajes, él también se había mostrado distante, alguna vez quiso que siempre fuera así, pero los dos volvían a “caer”. De nuevo en Madrid, el “no ha pasado nada”. Ella sabía que no había posibilidad de cambio por parte de él, y la situación siempre iba a ser así, debía decidir si la aceptaba o no. Mientras, el tiempo pasaba en esta incertidumbre; sus amigos más cercanos le aconsejaban que se olvidara del asunto y rehiciera su vida, alguna vez lo intentó, pero siempre pasaba algo con la nueva pareja y nunca terminaba de ‘cuajar’. Así, nunca se liberaba de esa ansiedad que le atormentaba, y que centraba su vida, deteriorando a veces la relación con las personas de su entorno. Y así sigue...

REFLEXIÓN

Al igual que en el resto de nuestras Historias, volvemos a hablar de REFUERZO INTERMITENTE. Ella se aferra a vivencias intensas, pero ocasionales, que le llevan a persistir y a esperar que siga dándose lo que espera, aunque sea en dosis pequeñas. Esto no le permite “resetear” la situación y mirar hacia delante, que es lo que necesita, para liberarse del sufrimiento continuado en el que vive. Esas pequeñas dosis terminan siendo más fuertes que el desgaste, cada vez mayor, en el que está inmersa.

lunes, 7 de febrero de 2011

HISTORIA TRES


Amapola trabaja como administrativa en una gran empresa de seguros, está casada y tiene un hijo de 3 años. En general, le va bien; tiene un trabajo que le permite estar con su hijo por las tardes, aunque no gana mucho.

Con su marido no tiene problema, tienen una relación especial, lo que algunos llamarían “abierta”, desde el principio acordaron que si en alguna ocasión conocían a alguien y tenían posibilidad de tener una relación sexual esporádica, no habría problema. En palabras de ella, “él nunca hizo uso de esa posibilidad”, pero ella sí, tuvo tres o cuatro encuentros con otros hombres, el marido lo sabía y no hubo ningún problema.

Un día ella conoció a un hombre, era un conocido del matrimonio; ella empezó a quedar con él, pero esta relación era un poco diferente, le apetecía estar más de la cuenta con él. Pero no le dio importancia, era como otros.

A su marido no le pareció que fuera como los demás, empezó a preguntarle detalles sobre su encuentros, y a ponerse nervioso si ella no daba muchas explicaciones. El tema empezó a ser motivo de discusiones cada vez más enconadas, y lo peor es que su marido se convirtió en su sombra. De vez en cuando él le sorprendía con información sobre todo lo que ella había hecho durante la semana, los emails que había enviado, las llamadas que había hecho, dónde había estado y con quién. Además lo contaba muy enfadado, alguna vez gritando demasiado y despertando al niño. Esto le causaba a ella un gran malestar, sobre todo, porque él se comportaba como si no pasara nada, y de repente, le salía con esas. Unas veces era cada tres o cuatro días, otras pasaba un mes... pero en los días entremedias él estaba cariñoso y de buen humor. Ella decidió dejar de ver al hombre con el que quedaba algunas veces, y así se lo hizo saber a su marido, pero aún así él seguía con ese control tan absoluto de todos sus movimientos.

Decidieron separarse, ya no funcionaban como pareja, pero seguían conviviendo, porque tenían problemas económicos, explicaban los dos. Él seguía igual, y ella empezó a tener problemas de salud, (ansiedad, estrés, problemas de sueño, etc..) Pero no eran capaces de separarse realmente; mientras, sufrían cada vez más...

REFLEXIÓN

Esta pareja sigue aferrada, por la acción de lo que llamamos ‘refuerzo intermitente’, a experiencias positivas muy ocasionales, que inducen a perseverar y a esperar que sigan dándose de manera continuada, aunque sea casi imposible. Los recuerdos gratos percibidos de modo selectivo, hacen tolerable la privación y las situaciones poco gratificantes.

Por eso, aunque cada vez la situación se hace más insostenible y les va desgastando más, les cuesta romper con la relación, porque de vez en cuando consiguen un “caramelito” del otro y suponen que si se comportan de igual forma e insisten en su comportamiento, obtendrán otro.

lunes, 17 de enero de 2011

VAMOS A LLEVARNOS BIEN


En la actualidad sabemos que casi el 50% de las parejas que se forman se acaban deshaciendo. Muchas intentan evitarlo consultando los servicios de un psicólogo especializado para así aprender cómo encauzar la situación. Aunque es verdad que algunas piden ayuda profesional cuando ya es demasiado tarde, siempre se puede aprender cómo mejorar este tipo de situaciones.

John M. Gottman, profesor de Psicología en la Universidad de Washington ha investigado en profundidad y con rigor científico las relaciones de pareja durante más de 25 años. El psicólogo asegura que existen señales muy claras que permiten predecir la separación de una pareja.

En su love lab (laboratorio del amor) pide a las parejas que estudia que busquen un tema de discusión habitual y se dedica a observarlas. El objetivo es identificar conductas específicas que puedan llevar a la ruptura. En el laboratorio se observan las interacciones en la pareja por vídeo y mediante monitores cardiacos y otros aparatos que miden el estrés durante la conversación.

Con el estudio, análisis y seguimiento de estos datos sobre cientos de parejas, el equipo llegó a identificar lo que consideran que son seis señales de peligro para la pareja:

1. Un arranque duro. El problema no es discutir. Lo que indica futuras complicaciones en la pareja es la manera como discute. La utilización del sarcasmo, la crítica y la acusación significa que los dos integrantes no se centran en negociar, sino que se están acusando mutuamente. Con eso, uno da por sentado que el otro es el problema. La negatividad se nota en el tono de menosprecio, aunque las palabras sean dichas en tono suave.

La investigación demostró que si la discusión empieza con un arranque duro, el final es previsiblemente negativo, aunque se intente suavizar el tono durante la discusión.

Se puede predecir el resultado de una conversación de un cuarto de hora basándose en los primeros tres minutos, según el trabajo de Gottman. Si se inicia una discusión así, es incluso mejor dejarla y hablar en otro momento.

2. Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Tras el arranque duro, pueden ir apareciendo otras actitudes negativas que el psicólogo denomina “los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Suelen aparecen en este orden: crítica, menosprecio, actitud defensiva y desdén.

• Crítica. Toda persona tiene algo que decir a su pareja que le disgusta, pero es bueno distinguir la queja de la crítica. Una queja se refiere a una conducta (o ausencia de conducta), y una crítica se refiere a la totalidad: una cosa es decir “no limpias el lavabo” y otra “eres un dejado”. Las críticas suelen empezar con “tú siempre…” o “tú nunca…”.

• Menosprecio. El menosprecio es la crítica con hostilidad añadida; se manifiesta mediante el sarcasmo. Las expresiones habituales son insultos, mirada de aburrimiento, burla y hostilidad. El menosprecio es la más venenosa de las actitudes porque nunca conduce a la resolución del conflicto. Se va gestando a partir de conflictos sin resolver que quedan en la memoria.

• Actitud defensiva. Al sentirse atacado, el otro se rebota diciendo que la culpa no es suya. Contraataca para defender su inocencia o evitar responsabilizarse del problema. Sólo sirve para seguir escalando en la disputa.

• Desdén. Durante la discusión, uno de los dos no da muestras de estar oyendo, no hace caso, no mira… Suele ocurrir ya al final de las relaciones después de mucho contacto destructivo.

3. Desbordamiento. Aunque parezca que el que no reacciona está impasible, la verdad es que se contiene para no explotar. Por eso se refugia en la protección del desdén e intenta ignorar a la pareja. Se esfuerza por desvincularse emocionalmente. El encierro en sí mismo es su única manera de afrontar la hostilidad.

4. La expresión corporal. Los psicólogos no tienen necesidad de oír el diálogo de las parejas ya que sólo con ver en los monitores la reacción corporal es suficiente para ver si pelean.

Los latidos del corazón suben a más de 100 por minuto, ocurren cambios hormonales como secreción de adrenalina y la reacción general del cuerpo es la misma que cuando se prepara para la lucha o la huida: sudoración, respiración agitada y corta y demás signos de ansiedad. En esa situación, el procesamiento de la información es deficitario, así como la capacidad de atención. Cuando se sienten estas reacciones corporales, se puede dar por seguro que esa discusión sólo va a empeorar las cosas.

5. Intentos fallidos de reparación. Los intentos de reparación son los esfuerzos por parar la escalada de tensión durante las discusiones. Posturas como “vamos a calmarnos” pueden salvar a las parejas porque reducen el estrés y la agitación. Estas tentativas impiden que “los cuatro jinetes del Apocalipsis” campen a sus anchas y dirijan la relación.
Las parejas que acaban mal son aquellas en que crítica, menosprecio, actitud defensiva y desdén se unen a los intentos de reparación fallidos formando una espiral hostil.

Esta negación a oír las excusas del otro predice el final de las relaciones al 90%, según Gottman. Como conclusión, afirma que lo que marca la diferencia entre quienes responden a los intentos del otro y los que no es la calidad de la amistad en la pareja.

6. Malos recuerdos. La última señal del mal estado de la relación sería la manera como la pareja cuenta su pasado conjunto. Cuando se pregunta a los integrantes sobre algo de su pasado y suelen elegir momentos negativos o negativizar los buenos, es un comportamiento común de parejas mal avenidas.

Con todos estos datos, la clave para reparar una relación no es solamente aprender a resolver las diferencias, sino hacer lo mismo que las parejas que funcionan: cambiar las conductas en los momentos en que no se pelea.

En definitiva, fortalecer la relación de amistad es el punto más importante en una pareja feliz.



miércoles, 15 de diciembre de 2010

HISTORIA DOS


Todo empieza cuando chico descubre una compañera de colegio, él 15 y ella también, o sea diferencia de madurez.

Obviamente los procesos de inicio son siempre bastantes parecidos, acercamiento, emociones, propuestas, rechazos, acercamientos, toques, palabras, propuestas, distancia, más toques, más palabras y así hasta que se ha cumplido todo el proceso de acercamiento, donde las palabras toman forma de declaraciones, propuestas y sobre todo expresiones de fuerte contenido emocional, que llevan a cambiar los toques por contactos dejando la distancia intermedia reducida a la nada.

Y es a partir de ahí cuando empieza para él el sufrimiento. Ella empieza a administrar de manera eficaz los toques, las presencias, las palabras y sobre todo los contactos. “…..No me llames, espera a que yo lo haga…..”. El espera con el teléfono en la mano todo el día, incluso pendiente en la noche, no lo apaga, “…..no vaya a ser que se le ocurra llamarme y si no contesto se molestará mucho….” y entonces hay riesgo de que rompa definitivamente.

Ella, “…. este fin de semana tengo muchas que hacer, no podemos quedar para salir…., pero si tú sales…..”. Y así un fin de semana, otro y otro.

Lo importante, de vez en cuando, de manera intermitente, una llamada, una sonrisa, un toque y nunca un contacto, aunque a él le parece que el toque le puede llevar a un contacto.

Entre un día y otro, van para año y medio, él intentando obtener una palabra, una mirada, un toque y ella, administrando la palabra, la mirada y el toque de manera intermitente en función de lo que quiere que él haga. Si me esperas media hora y si no te enojas, cuando nos veamos te sonrío, te hablo. Ese mensaje no es explicito, está implícito en la relación. Poco a poco ella va ganando toda la seguridad que él va perdiendo.

Ella refuerza su autoestima en la medida que él se debilita. Ella controla, él obedece con tal de obtener en algún momento una mirada, una sonrisa, una palabra agradable, son sólo críticas y reproches que es lo que recibe ahora, lo hace delante de los compañeros y compañeras. Ella es fuerte, se burla, él sufre, se calla, se humilla y de vez en cuando consigue algo de valor y le pide que no actúe con él de esa manera, ella lo niega, le sonríe y le recuerda que es muy susceptible y que no es así. Él se conforma y vuelta a empezar.

Año y medio, ella en dos oportunidades le ha dejado, él ha sufrido, ella le ha perdonado, donde no había nada que perdonar, y ha vuelto con él. Él feliz, convencido de que no debe volver a hacer lo que hizo, como pedirle un poco de tiempo juntos, ya que eso es un error, ella debe ser libre y estará con él cuando quiera, que él no puede forzar la situación, ahora es mejor demostrar más paciencia, no vaya que vuela a romper. Y rompió otra vez y otra vez él sufre y al final después de pedirle, implorarle, ella le hace un favor y vuelve con él. Ahora feliz, es claro que debe tener más paciencia y conformarse con lo que le da.

Intenta aceptarlo, comprender, pero algo no funciona, no se siente bien, a veces la odia desearía no estar pendiente de ella, pero es más fuerte su sentimiento o necesidad, sin ella no pude vivir.

Después vuelve a justificarla, durante un tiempo se calma, hasta la siguiente vez, que normalmente es cuando se establece alguna interacción con ella. Y vuelta al sufrimiento.

Los padres de él, no saben que hacer, cómo actuar ahora. Al principio, fue novedoso: “…nuestro chico ha crecido, está saliendo con una chica…”, se ocupa más de su apariencia de lo que hizo nunca. Nueva ropa, nueva imagen, nueva sonrisa, nuevas respuestas y nuevas preocupaciones.

Qué bien, está actuando con madurez, se ocupa y se preocupa. Nosotros apoyamos, le colaboramos, le orientamos y todos somos felices.

Después de un tiempo, algunos meses, vemos que no está bien, ha dejado de sonreír, comenta muy poco sus salidas, está más delgado, está cambiado, cada vez se ocupa más de su imagen, cada vez más tiempo en el ordenador, en el chat. Más tiempo en el teléfono, ha bajado su rendimiento escolar, si sigue así puede que no apruebe el curso. Están preocupados, hablan con él, y se compromete a estudiar y lo hace, con dificultad aprueba el curso, pero sigue sufriendo.

Verano con altibajos, alegría por una llamada o un encuentro, días obscuros, no le ve, no la escucha, no sabe de ella nada. Ella, llamadas breves, casi siempre con reproches y críticas, incluso aquello de “…tu madre me mira con mala cara…” , no creo que tus padres comprendan lo nuestro. Él no, que no han dicho nada, que les caes bien. Ella “….sí, eso te dicen, pero yo he visto unas miradas…. al final, es que no te conocen, pero cuando lo hagan te querrán como yo…”

Vuelta al cole, la cosa no parece que vaya a cambiar, los padres: “vamos a buscar ayuda” .

Entre otras cosas sobre el comportamiento humano, se les explica el valor e intensidad del “Refuerzo Intermitente”. Se asombran, lo comprenden y planifican un plan de ayuda, para que él “pueda cambiar el programa” y ganar confianza e independencia.

Lo primero, es que debe dejar de ser intermitente, por ahora es imposible que deje de ser refuerzo. Para eso vamos a invitarla a casa, a merendar, a cenar y si fuera posible a desayunar. Segundo, no opinamos nada, ni a favor, ni en contra, siempre amables y muy correctos. Que él vea una actitud positiva, que los padres estamos abiertos y dispuestos a estar con ella, no sólo cuando ella quiera, sino en todo momento. Si ella no quiere venir, no es por nosotros, sino por ella, “libremente”. Tercero, nos ocupamos fundamentalmente de sus estudios, sobre eso vamos a dirigir todos los esfuerzos y además ayudarle.

Tres semanas. Ellos han seguido con bastante sentido común las propuestas de acción, y poco a poco la situación ha ido cambiando. Él, empezó discutiéndole, no estoy de acuerdo, a mí me gusta la camiseta, estoy bien…. Y así paso del temor a decirle algo al no estoy seguro, creo que no está bien. Tiempo de distancia y alejamiento de él, pero no de ella. Cuando ve que le pierde, cambia de estrategia, ahora está cariñosa, dispuesta, cercana, muy cercana. Ha cambiado el diálogo, del “no si podremos vernos”, al “me gustaría mucho que vinieras a pasar el fin de semana en mi pueblo…”. Tremenda tensión para él, entre lo que debe hacer, partido su equipo de futbol juega, pregunta a sus padres qué les parece, ellos…”lo que tu consideres adecuado”, él “no estoy seguro si la quiero…” …Al fin no queda.

Ella muy insistente, “…si de verdad me quisieras deberías escaparte…”, “...te dejas influir mucho por la gente...”. Estás hablando de mis padres, no es cualquier gente. Discusión y respuestas que nunca había sido capaz de decirle o replicarle.